No, Jesús no era un socialista

La caridad cristiana, al ser voluntaria y sincera, es totalmente diferente a los mandatos obligatorios e impersonales del Estado

La afirmación de que Jesucristo era socialista se ha convertido en un estribillo popular entre los liberales, incluso de algunos cuyo cristianismo es tibio en el mejor de los casos. Pero, ¿hay algo de verdad en ello?

Esa pregunta no puede ser respondida sin una definición confiable de socialismo. Hace un siglo, se consideraba en general como la propiedad gubernamental de los medios de producción. Jesús nunca insinuó ese concepto, y mucho menos lo respaldó. Sin embargo, la definición ha cambiado con el tiempo. Cuando las críticas de economistas como Ludwig von Mises, F. A. Hayek y Milton Friedman demolieron cualquier argumento intelectual a favor de la forma original de socialismo, y la realidad demostró que tenían una razón devastadora, los socialistas pasaron a otra versión: la planificación central de la economía.

Uno puede rastrear el Nuevo Testamento y no encontrar ni una sola palabra de Jesús que llame a dar poder a los políticos o burócratas para que asignen recursos, escojan ganadores y perdedores, le digan a los empresarios cómo manejar sus negocios, impongan salarios mínimos o precios máximos, obliguen a los trabajadores a inscribirse  en los sindicatos, o incluso a aumentar los impuestos. Cuando los fariseos intentaron engañar a Jesús de Nazaret para que respaldara la evasión de impuestos, él astutamente permitió que otros decidieran lo que le corresponde al Estado respondiendo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Sin embargo, uno de los cargos que llevó a la crucifixión de Jesús fue, en efecto, la evasión de impuestos.

Cambios de  definición

Con la reputación de los planificadores centrales en el basurero de todo el mundo, los socialistas han pasado a un énfasis diferente: el Estado de Beneficiencia. El socialismo de Bernie Sanders y su joven aliada Alexandria Ocasio-Cortez es el del Estado niñero, benévolo e igualitario en el que se roba al rico Pedro para pagar al pobre Pablo. Se caracteriza por un montón de "cosas gratis" del gobierno, que por supuesto no son gratis en lo absoluto. Es bastante caro tanto en términos de las tasas de corretaje burocrático como de la desmoralizante dependencia que produce entre sus beneficiarios. ¿Es esto lo que Jesús tenía en mente?

El cristianismo no consiste en pasarle la pelota al gobierno cuando se trata de aliviar la situación de los pobres.

Nada de eso. Sí, en medio de las fiestas, es especialmente oportuno pensar en ayudar a los pobres. Después de todo, era una parte muy importante del mensaje de Jesús. Sin embargo, la forma en que se debe ayudar a los pobres es muy importante.

A los cristianos se les ordena en las Escrituras a amar, orar, ser amables, servir, perdonar, ser sinceros, adorar al único Dios, aprender y crecer tanto en espíritu como en carácter. Todas esas cosas son muy personales. No requieren de políticos, policías, burócratas, partidos políticos o programas.

"Los pobres siempre los tendrán con ustedes, y pueden ayudarlos cuando quieran", dice Jesús en Mateo 26:11 y Marcos 14:7. Las palabras claves aquí son que puedes y debes querer ayudar. Él no dijo: "Vamos a hacer que ayudes, te guste o no".

En Lucas 12:13-15, se le acercan a Jesús con una petición de redistribución. "Maestro, di a mi hermano que reparte la herencia conmigo", le pide  un hombre. Jesús entonces respondió: "Hombre, ¿quién me ha hecho juez o divisor sobre tí?" Luego reprendió a quien pedía por su envidia.

El cristianismo no consiste en pasarle la pelota al gobierno cuando se trata de aliviar la situación de los pobres. Cuidarlos, significa ayudarlos a superar la pobreza, no pagarles para que sigan siendo pobres o hacerlos dependientes del Estado, ha sido un elemento esencial en la vida de un verdadero cristiano durante 2.000 años. La caridad cristiana, al ser voluntaria y sincera, es totalmente distinta a los mandatos obligatorios e impersonales del Estado.

¿Qué dicen las Escrituras?

Pero no se fíe de mi palabra. Considere lo que dice el apóstol Pablo en 2 Corintios 9:7: "Cada uno de ustedes debe dar lo que ha decidido en su corazón dar, no a regañadientes ni bajo coacción, porque Dios ama a quien da  alegremente".

Y en la parábola de Jesús del Buen Samaritano, el viajero es considerado como "bueno" porque ayudó personalmente al hombre afectado en el camino con su propio tiempo y recursos. Si, en cambio, hubiera instado al desamparado a esperar la llegada de un cheque del gobierno, probablemente lo conoceríamos hoy como el Buen Samaritano bueno para nada.

Estas eran advertencias contra las prioridades equivocadas, no mensajes para la guerra de clases.

Jesús claramente sostuvo que la compasión es un valor saludable, pero no conozco ningún pasaje en el Nuevo Testamento que sugiera que es un valor que él impondría por la fuerza o a punta de pistola - en otras palabras, con medidas socialistas.

A los socialistas les gusta sugerir que Jesús despreció a los ricos, citando dos momentos particulares: su expulsión de los comerciantes del Templo y su comentario de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el cielo. En el primer caso,  Jesús se enfadó porque la casa de Dios estaba siendo mal utilizada. De hecho, nunca sacó a un comerciante de un banco o de un mercado. En el segundo caso, estaba advirtiendo que con grandes riquezas, también vienen grandes tentaciones.

Estas eran admoniciones contra prioridades equivocadas, no eran mensajes de guerra de clases.

Crear riqueza es una virtud, no redistribuirla

En su parábola de talentos, Jesús habla de un hombre que confía su riqueza a tres siervos por un tiempo. Cuando el hombre regresa, se entera de que uno de los sirvientes ha salvaguardado su parte enterrándola, el segundo ha puesto su parte a trabajar y la ha multiplicado, y el tercero ha invertido la suya y ha generado el mayor beneficio de todos. ¿Quién es el héroe de la parábola? El tercer hombre creador de riqueza. El primero es amonestado, y su parte es tomada y entregada al tercero.

Eso no suena muy socialista, ¿verdad?

En la parábola de los trabajadores de la viña de Jesús, la historia exalta las virtudes capitalistas, no las socialistas.

De la misma manera, en la Parábola de los trabajadores de la viña de Jesús, la historia exalta las virtudes capitalistas, no las socialistas. Cuando algunos trabajadores se quejan de que a otros se les pagó más, el patrón defiende con razón el derecho al contrato voluntario, a la propiedad privada y, en efecto, la ley de la oferta y la demanda.

En la época de Navidad y durante todo el año, Jesús querría que cada uno de nosotros fuese generoso en la ayuda a los necesitados. Pero si usted piensa que él quiso que los políticos lo hicieran con el poder de la policía, costando el doble y con la mitad de  efectividad que la caridad privada, usted no está leyendo el mismo Nuevo Testamento que yo.