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jueves, septiembre 7, 2023

Maquiavelo no era maquiavélico

El libro anterior de Maquiavelo mostraba un fuerte apoyo a la libertad de expresión, a una forma republicana de gobierno y al compromiso.

Retrato de Nicolás Maquiavelo por Santi di Tito

Si alguna vez ha estudiado a Shakespeare, es posible que haya oído a su profesor utilizar la palabra “maquiavélico” para describir a personajes amorales como Yago de Otelo o Edmundo del Rey Lear. “Maquiavélico” denota una persona o acción que desprecia la moralidad y es totalmente egoísta. El origen de la palabra deriva del famoso político y escritor florentino Nicolás Maquiavelo.

¿Quién fue Maquiavelo?

Nicolás Maquiavelo nació en Florencia en 1469 en el seno de una familia de clase media, cuyos antepasados ocuparon numerosos puestos destacados en la ciudad durante el siglo XIII. Esta situación había cambiado drásticamente en vida de Maquiavelo. Bernardo, el padre de Maquiavelo, tenía prohibido ocupar cargos oficiales por ser un deudor insolvente.

Apartado de la vida política, Maquiavelo se dedicó a estudiar y escribir.

Maquiavelo entró en la política florentina a los veinticinco años como un nuevo aspirante. Sorprendentemente, no tardó en escalar posiciones. A lo largo de su carrera, se encargó de redactar documentos oficiales del gobierno, actuó como diplomático en el extranjero y fue responsable de la organización y el mantenimiento de la milicia florentina.

Lamentablemente, la carrera política de Maquiavelo tuvo un final abrupto cuando la poderosa familia Médicis derrotó y disolvió la República florentina en 1512. Durante el reinado de los Médicis, Maquiavelo fue acusado de conspirar contra la poderosa familia y fue sometido a agonizantes torturas. Negó estar implicado en ninguna conspiración y, tras tres semanas de tormento, fue liberado de su encarcelamiento. Fue entonces retirado a la fuerza a la finca de su padre en Sant’Andrea, para no volver jamás a la política.

Apartado de la vida política, Maquiavelo se dedicó a estudiar y escribir. Durante toda su vida estuvo obsesionado con los escritores del mundo clásico. En una carta a su corresponsal Francesco Vettori, escribe que cuando lee las obras de la Antigüedad, se niega a vestir su ropa de calle, sino que rinde respeto a los antiguos vistiendo sus mejores galas. Manifestó una admiración monumental por los autores antiguos de Roma y Grecia, que influyeron enormemente en su obra.

Su obra más famosa, El Príncipe

Maquiavelo es famoso sobre todo por su profundo pero breve libro titulado El Príncipe, que dedicó a Lorenzo de Médicis, el nuevo gobernante de Florencia. El Príncipe se ocupa principalmente de los medios con los que los príncipes ambiciosos pueden mantener y ampliar su territorio de la forma más eficaz. El Príncipe está marcado por una actitud pesimista hacia la naturaleza humana. Maquiavelo afirma que “de la humanidad podemos decir que en general es voluble, hipócrita y ávida de ganancias”.

Siguiendo esta deprimente premisa, Maquiavelo argumenta enérgicamente que es mejor ser temido que amado por aquellos a los que gobiernas, escribiendo,

“Es mucho más seguro ser temido que amado porque… el amor se preserva por el vínculo de la obligación que, debido a la bajeza de los hombres, se rompe en cada oportunidad para su ventaja; pero el miedo te preserva por un temor al castigo que nunca falla”.

El amor es voluble y cambiante, mientras que el miedo es siempre presente y constante.

Continuando con esta línea de pensamiento pesimista, sostiene que el jefe de un Estado debe hacer el bien siempre que sea posible, pero no debe temer cometer actos de maldad para mantenerse en el poder. Otros hombres están dispuestos a ensuciarse las manos para derrocar tu gobierno, y debido a esta tendencia fatal, los líderes también deben ensuciarse las manos de vez en cuando. Maquiavelo escribe que “es necesario que un príncipe que quiera mantenerse en el poder sepa hacer el mal, y hacer uso de él o no según la necesidad”. Su pragmatismo político era perspicaz, pero molestaba profundamente a los lectores.

La reputación de Maquiavelo

Publicado póstumamente, El Príncipe dejó a Maquiavelo una infame reputación de escritor amoral, ateo y cínico. En 1559, la Iglesia Católica incluyó las obras de Maquiavelo en el Índice de Libros Prohibidos. En la obra El judío de Malta, de Christopher Marlowe, escrita en 1589, Maquiavelo aparece en el prólogo, exclamando audazmente: “No considero la religión más que un juguete infantil, y sostengo que no hay más pecado que la ignorancia”.

¿Cómo puede llamarse amante de la libertad un hombre tan taimado y pragmático?

Maquiavelo llegó a asociarse con un término isabelino, “Old Nick” (en español, “el Viejo Nick”), utilizado para designar al diablo. Existe un tema de la psicología moderna, conocido como la “tríada oscura”, que se centra en tres rasgos malévolos de la personalidad: el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo.

Sin embargo, esta imagen profundamente negativa de Maquiavelo no siempre existió. En los siglos XVII y XVIII surgió una visión más positiva de Maquiavelo, con autores como el republicano James Harrington refiriéndose a Maquiavelo como “el príncipe de los políticos”. Durante el Renacimiento italiano, el humanista Giovanni Battista Busini describió cariñosamente a Maquiavelo como “el más extraordinario amante de la libertad”.

Este elogio puede parecer confuso; después de todo, la palabra “maquiavélico” denota a alguien astuto y sin escrúpulos. ¿Cómo puede llamarse amante de la libertad a un hombre tan taimado y pragmático? La respuesta está en el otro libro de Maquiavelo, conocido como Discursos sobre la primera década de Tito Livio, que presenta una imagen muy diferente de sus creencias políticas.

El pueblo como protector de la libertad

Durante la vida de Maquiavelo, la filosofía política tradicional generalmente dictaba que no se podía confiar en las masas. El historiador romano Livio, que ejerció una enorme influencia en los humanistas del Renacimiento, exclamaba que “la plebe es o un humilde esclavo o un amo cruel”. Maquiavelo discrepó rotundamente de esta valoración de la persona media, afirmando en su lugar: “Ese defecto del que los escritores culpan a la multitud puede atribuirse a todos los hombres individualmente y, sobre todo, a los príncipes.” En su opinión, la naturaleza caída de la humanidad es universal y sólo puede superarse mediante compromisos que aseguren la libertad.

En los Discursos, Maquiavelo promueve enérgicamente la idea de que el pueblo llano es el mejor protector de la libertad y que el gobierno por su consentimiento es la mejor manera de garantizar una sociedad libre y próspera. Los príncipes y los nobles tienden a confundir la libertad con la capacidad de dominar a los demás, mientras que las masas “sólo tienen el deseo de no ser dominadas y, en consecuencia, una voluntad más fuerte de vivir en libertad.”

Así, Maquiavelo concluye que el pueblo llano es el mejor guardián de la libertad, más que los príncipes y nobles de la sociedad. Sostiene que la República romana y la democracia ateniense se hicieron grandes porque estaban gobernadas por el pueblo, no por un gobierno unipersonal. Como argumenta Maquiavelo, “Esto no puede surgir de otra cosa que del hecho de que los gobiernos de los pueblos son mejores que los gobiernos de los príncipes.”

Maquiavelo y la libertad de expresión

Al igual que otros humanistas del Renacimiento, Maquiavelo admiraba enormemente las antiguas tradiciones de retórica transmitidas a través de las obras de Aristóteles y Cicerón. A lo largo de sus Discursos, Maquiavelo promueve el debate y la deliberación como los mejores métodos para elegir tanto el curso de acción óptimo como los líderes más capaces.

Incluso tiene un capítulo titulado “La multitud es más sabia y constante que un príncipe” en el que argumenta que el juicio de una sola persona no es más refinado y claro que la deliberación colectiva del pueblo a través de un debate libre y sin trabas. Las limitaciones del discurso público en las monarquías las sitúan en clara desventaja frente a las repúblicas, ya que -a diferencia de éstas- sólo pueden remediar los problemas por la fuerza, no mediante el debate.

A Maquiavelo no le preocupa que el ciudadano medio pueda dejarse engañar por vendedores de aceite de serpiente o por ilusiones; al contrario, confiaba en la capacidad de las masas para decidir qué era lo mejor para el bien común de la sociedad. Propone que,

“la opinión pública es notablemente precisa en sus pronósticos… En lo que respecta a su juicio, cuando se oye a dos oradores de igual habilidad defender alternativas diferentes, muy rara vez se encuentra que el pueblo no adopte la mejor opinión o sea incapaz de apreciar la verdad de lo que oye”.

En resumen, Maquiavelo cree en la eficacia de la discusión y la deliberación públicas, que dan lugar a las mejores decisiones para el bien común.

Las buenas leyes como resultado del conflicto

Maquiavelo se opuso al consenso entre los historiadores de su época que sostenían que la caída de la República romana se debió a la lucha entre facciones de la nobleza y los plebeyos. Sus contemporáneos creían que la desunión era algo que debía evitarse en una república.

Maquiavelo no estaba de acuerdo con el valor que se otorgaba a la unidad. Por el contrario, argumentaba que esta desunión había dado a Roma sus mayores leyes: “Si Roma hubiera querido eliminar las causas de sus disturbios, también habría eliminado las causas de su expansión”. Él creía que un conflicto de intereses era algo positivo, ya que obligaba a ambos grupos a exponer los mejores argumentos que pudieran, a transigir y a elaborar leyes que fueran las mejores para el bien común de la sociedad.

Reconsideración de Maquiavelo

A día de hoy, sigue habiendo un gran debate sobre las complejidades y contradicciones que caracterizan los escritos de Maquiavelo.

Las marcadas diferencias entre los Discursos y El Príncipe de Maquiavelo provienen de la naturaleza de los objetivos de cada libro. El Príncipe pretende refinar la conducta de un solo príncipe, mientras que Discursos ofrece orientación para todo el cuerpo ciudadano. El Príncipe se escribió para abordar una oportunidad política única que se evaporó rápidamente, mientras que Discursos se escribió para articular los principios requeridos por las repúblicas que buscaban longevidad, libertad y prosperidad.

A día de hoy, sigue habiendo un gran debate sobre las complejidades y contradicciones que caracterizan los escritos de Maquiavelo. Maquiavelo fue un pensador extremadamente matizado y original cuya reputación no debe ser exclusivamente la de un malvado intrigante. Defendía una república en la que la libertad fuera salvaguardada por la persona común, en la que el debate libre y sin trabas proporcionara el mejor curso de acción, y en la que los compromisos entre grupos opuestos crearan armonía. Discursos sobre la primera década de Tito Livio revela otra faceta de Maquiavelo, la de un hombre comprometido con los ideales de libertad a través de los medios del gobierno representativo.

Publicado originalmente el 29 de marzo de 2018


  • Paul Meany is a student at Trinity College Dublin studying Ancient and Medieval History and Culture.