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lunes, mayo 6, 2024

Una antigua parábola que explica la belleza de la cooperación (y del libre mercado)

Los defensores de los mercados deberían plantearse utilizar historias como la parábola de la cuchara larga, que reflejan mejor la naturaleza cooperativa de la libre empresa.


“¿Cómo explicar esta emporiofobia -miedo a los mercados- ante la abrumadora evidencia de que tales instituciones proporcionan la mayor riqueza, salud y felicidad a la humanidad?”. Cuando el profesor de economía Paul Rubin se hizo esa pregunta, respondió diciendo que necesitamos cambiar la metáfora de los mercados de “competencia” a “cooperación”.

La cooperación no sólo es más importante en la esfera económica, también es más común. Cooperamos con todos los que participan en la fabricación de todos los productos que compramos y vendemos, millones de personas que nunca conoceremos.

[…]

Esta discusión puede parecer semántica, pero las palabras tienen significado y poder. La gente se sentiría mucho más a favor de una “economía cooperativa” que de una “economía competitiva”.

Hacer hincapié en los aspectos cooperativos del mercado para ofrecer una perspectiva más precisa requiere que apliquemos nuevas metáforas y símbolos a la hora de explicar cómo funcionan los mercados. Una historia que creo que puede ser especialmente útil es la “parábola de las cucharas largas”. Caritas Internationalis creó un vídeo sobre esta alegoría que destaca brillantemente la utilidad de la cooperación.

El mensaje del vídeo trata de cómo podemos acabar con el hambre mediante la cooperación. Esto es ciertamente correcto y noble aplicado a los esfuerzos para aliviar el hambre. Pero la parábola también puede utilizarse para mostrar por qué la mayoría de nosotros nunca nos preocupamos en absoluto por el hambre. Es en el mercado donde vemos que dos herramientas interactivas dadas por Dios para el florecimiento humano –la cooperación y la ventaja comparativa– se combinan para garantizarnos el acceso a los alimentos.

En lugar de utilizar metáforas de competición (como los deportes, con sus ganadores y perdedores), los defensores de los mercados deberían considerar el uso de historias como la parábola de la cuchara larga, que reflejan mejor la naturaleza cooperativa de la libre empresa.

He aquí una versión textual de la parábola:

Una anciana se acerca al final de su vida. Una noche, al cerrar los ojos, ve una luz brillante y es transportada a otro reino. No fallece en ese momento, sino que regresa al mundo de los vivos y encuentra a su familia reunida junto a su cama. Sonríe y susurra a sus hijos: “He visto el gran más allá”.

“¿El más allá?”, pregunta su hijo.

“El cielo y el infierno. He visto los dos”.

La anciana continúa explicando: “Me encontré con una puerta, y detrás de ella estaba el infierno. Lo que vi allí me dejó perpleja. Había un comedor lleno de hileras de mesas, cada una de ellas repleta de un magnífico festín. Parecía y olía delicioso, pero la gente sentada alrededor de las mesas estaba demacrada y enferma, gimiendo de hambre.

“Al acercarme, me di cuenta de que cada persona sostenía una cuchara muy larga. Con ella podían alcanzar el festín, pero la cuchara era demasiado larga. Aunque lo intentaban una y otra vez, no podían llevarse el alimento a la boca. A pesar de la abundancia que tenían ante ellos, se morían de hambre”.

Continuó: “Abandoné este horrible lugar y abrí una nueva puerta, una que conducía al cielo. Dentro, me sorprendió ver la misma escena ante mis ojos: un comedor lleno de mesas, una tras otra, y sobre ellas, un banquete maravilloso. Pero en lugar de gemir de hambre, la gente alrededor de las mesas estaba sentada felizmente, hablando unos con otros, saciados de la abundancia que tenían ante ellos.

“Como los del infierno, estas personas sostenían cucharas muy largas. Mientras observaba, una mujer sumergió su cuchara en un cuenco de estofado que tenía delante, pero en lugar de esforzarse por alimentarse, extendió la cuchara y alimentó al hombre sentado frente a ella. Éste, ahora satisfecho y ya sin hambre, dio las gracias y devolvió el favor, inclinándose al otro lado de la mesa para dar de comer a la mujer.”

“De repente comprendí la diferencia entre el cielo y el infierno”, dijo la anciana a su familia. “No se trata de las cualidades del lugar, ni de la abundancia de recursos, sino de la forma en que la gente se trata entre sí.

“En el infierno, somos egoístas. Preferimos pasar hambre antes que dar de comer a la gente que no nos importa”.

“Pero en el cielo, nos alimentamos unos a otros. Confiamos en los que nos rodean y nunca pasamos hambre”.

Reimpreso del Instituto Acton.

[Artículo originalmente publicado el 23 de agosto de 2018].


  • Joe Carter is a Senior Editor at the Acton Institute. Joe also serves as an editor at The Gospel Coalition, a communications specialist for the Ethics and Religious Liberty Commission of the Southern Baptist Convention, and as an adjunct professor of journalism at Patrick Henry College. He is the editor of the NIV Lifehacks Bible and co-author of How to Argue like Jesus: Learning Persuasion from History's Greatest Communicator (Crossway).