El Servicio Nacional de Salud se ha convertido en un monopolio estatal muy burocrático e ineficiente.
El NHS (Servicio Nacional de Salud) es conocido por ser lo más parecido a una religión de Estado en el Reino Unido. Durante el punto álgido de la pandemia del virus Covid-19, los hogares de todo el país aplaudían en la puerta de sus casas para agradecerle al NHS su servicio.
El sistema sanitario británico es “nuestro” NHS y se afirma que es una de las mejores cosas del Reino Unido. Sin embargo, en realidad el colectivismo que promueve la sanidad nacionalizada niega a los individuos su autonomía y pone su asistencia sanitaria en manos del monopolio estatal, fuertemente burocrático e ineficiente.
Debido a la actitud casi teocrática que la opinión pública británica tiene respecto al NHS, las críticas están muy mal vistas y los fallos del NHS suelen ser excusados. Una de las mayores excusas del fracaso del NHS es la afirmación de que está lo suficientemente financiado. Por un lado, esto no es cierto, ya que el gasto del NHS ha seguido aumentando, especialmente durante la pandemia de Covid-19. Sin embargo, esta acusación lleva a una pregunta más grande para los colectivistas: teniendo en cuenta que en el Reino Unido se celebran elecciones generales cada cinco años, ¿por qué se pone potencialmente la sanidad en manos de un partido que se cree que la va a financiar deficientemente?
El proceso político está sujeto a cambios de humor y los partidos políticos tienen enfoques diferentes. Los individuos se ven obligados a pagar lo que dicte el gobierno de turno. Esto significa que, durante las turbulencias económicas, un hogar sano que se esfuerza por llevar comida a la mesa tendrá que seguir pagando el seguro nacional, a pesar de que rara vez lo utilice. Los individuos deberían tener el control de lo que se prioriza financieramente en su hogar. No tiene sentido tener suscripciones caras a servicios que no se utilizan cuando se necesitan más otros servicios. En un sistema de libre mercado, si la situación financiera de un individuo es difícil, podría elegir un seguro de salud más barato.
Además, en un sistema de salud con un solo pagador, los pacientes reciben lo que se les da y no tienen muchas posibilidades de elección.
Por ejemplo, en el Reino Unido, durante la pandemia de Covid, 25.000 pacientes fueron dados de alta del hospital a ancianatos sin que se les hicieran pruebas ni se les aislara. Esto contribuyó de forma significativa a que 20.000 personas en ancianatos murieran tras dar positivo entre marzo y junio de 2020. Está claro que los pacientes en las residencias de ancianos fueron una idea tardía en lo que respecta a la respuesta del NHS a Covid. No se les trató como consumidores a los que una empresa intentaría atraer y atender. En cambio, los ancianos del país fueron tratados como peones en la estrategia del NHS para enfrentar la pandemia.
Además, los que quieren una asistencia sanitaria de mejor calidad no tienen muchas opciones, a menos que quieran recurrir a la medicina privada. Si una persona mayor quiere una mejor asistencia sanitaria, no tiene mucho control, aparte de obtener lo que el Estado decide que debe recibir. En un sistema de libre mercado, podrían tener más opciones sobre su asistencia sanitaria. Sin embargo, aunque el Estado decida gastar más en la asistencia de salud, es probable que los aumentos de la seguridad social no se dirijan específicamente a las necesidades del paciente, ya que la seguridad social está estandarizada para el contribuyente.
Si un individuo quiere pagar un seguro de salud privado, tiene que pagar además el seguro nacional. Esto significa que la salud privada no es realmente accesible para la clase trabajadora, haciéndola depender de la salud pública, que es extremadamente ineficiente e incómoda para muchos en el Reino Unido. El NHS no es una red de seguridad, sino una trampa para los británicos de clase trabajadora de la que no pueden escapar si consideran que la calidad de la atención es inadecuada.
Con el aumento de los tiempos de espera, tanto en urgencias como en las citas con médicos de cabecera, parece que tener un sistema de salud “gratuito hasta el punto de uso” no tiene sentido si quienes lo necesitan no pueden utilizarlo por estar en interminables listas de espera. El sistema de salud de un sólo pago sacrifica la posibilidad de elegir por la “gratuidad”. En su lugar, el Reino Unido debería concentrarse en una asistencia sanitaria asequible a través del libre mercado. Esto proporcionaría a los pacientes una auténtica capacidad de elección, haciendo que el sistema sanitario sea más cómodo, accesible y eficiente.