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domingo, junio 28, 2020

Por qué nos atraen las distopías

Cómo el "pesimismo defensivo" puede ayudarnos en la vida real.

La violencia policial, los disturbios civiles, las revueltas, los incendios, los saqueos, la destrucción, una “zona prohibida” en una gran ciudad estadounidense y la supresión de los medios de comunicación, todo ello con el telón de fondo de una pandemia mundial y una agitación económica. Es nuestra realidad actual, aunque se parece mucho al escenario del próximo bestseller/blockbuster distópico.

El género de la distopía ha existido durante siglos, pero se puede afirmar que las historias distópicas están experimentando actualmente una especie de “siglo de oro”. Me inclino a creer, dado el éxito aplastante de franquicias como The Handmaid’s Tale y The Hunger Games, que términos como “Orweliano” y “Big Brother o Gran Hermano” son ahora de uso común, así como las declaraciones de que en la vida real “hay un error en la matrix o simulación”.

¿Pero por qué, incluso antes de COVID-19, cuando las vidas cotidianas, que empíricamente estaban mejor que nunca, un género que es, por definición, pesimista y oscuro sería tan popular?

Para responder a eso, primero tenemos que entender por qué la ficción en sí es importante.

Por definición, la ficción no es real. La ficción son sólo mentiras que nos decimos unos a otros. Mucha gente asume que la función de la ficción es el entretenimiento, sirve para contar historias y pasar el tiempo, ya sea a través de libros, películas, programas de televisión o historias de fantasmas alrededor de una fogata. Y sí, la ficción puede ser muy entretenida. Pero no es el aspecto de la ficción lo que nos entretiene. Es la historia que la ficción está contando.

El valor de la narración está en su poder de explicar las cosas. El valor de la narración está en su capacidad de transmitir lecciones de una manera emocionalmente impactante. Y en la ficción, está en el uso de falsedades para transmitir la verdad.

Fijénse en las historias que claramente no son reales, como los cuentos de hadas. Obviamente, “Caperucita Roja” nunca sucedió en realidad. Los lobos ciertamente no pueden hablar, y mucho menos hacer impresiones creíbles de dulces abuelas. Pero la verdad fundamental de “Caperucita Roja”, la lección que nos enseña, es que el peligro acecha en el bosque, que no todos tienen buenas intenciones, así que ten cuidado. Una importante lección para los niños de la antiguedad.

Todos los géneros tienen su propio nicho en el mundo de la narración. La ficción distópica cae bajo el título mucho más amplio de “ficción especulativa“. La ficción especulativa, que también incluye la fantasía, la ciencia ficción entre otras, no está limitada por la realidad y a menudo incluye aspectos descaradamente irreales. Orgullo y Prejuicio es ficción literaria. Orgullo y Prejuicio y Zombies es ficción especulativa.

Aunque no es para todo el mundo, los fans de la ficción especulativa disfrutan de una amplia gama de posibilidades, incluso cuando cruzan al reino de lo absurdo (Como Los viajes de Gulliver). Y anidado allí, en el cosmos de la ficción especulativa, encontramos la sección de ficción distópica.

La ficción distópica, en todas sus formas, muestra un mundo en decadencia o colapsado. Independientemente de la causa de fondo, la persona común está bajo alguna forma de control opresivo, siendo los culpables más comunes el gobierno, la tecnología y el condicionamiento social.

En el 1984 de George Orwell, Winston Smith lucha contra un estado de vigilancia omnipresente que está constantemente en guerra con otros estados e intenta controlar los pensamientos de la gente a través del control del lenguaje. El vecino habla del vecino. La gente se involucra en declaraciones vitriólicas programadas regularmente y ritualizadas. Los miembros de la sociedad desaparecen cuando se pasan de la raya. Y el Gran Hermano siempre está vigilando.

En The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, lo que era Estados Unidos es ahora Gilead, un Estado teocrático y extremadamente patriarcal donde las mujeres tienen prohibido leer, tener propiedades o asumir cualquiera posición con autoridad. Los hombres ricos y políticamente conectados pueden tener esposas (uno de los pocos roles permitidos para las mujeres). Estos hombres también disfrutan del servicio de las siervas, mujeres apartadas porque son las pocas que quedan que todavía pueden quedar embarazadas.

Maze Runner  de James Dashner presenta un mundo después de un colapso ambiental, con gente luchando por sobrevivir. Red Rising de Pierce Brown nos muestra una sociedad basada en castas de color en Marte. The Giver de Lois Lowery ilustra una sociedad literalmente ciega a los colores, encarnada por la conformidad y con roles de vida y compañeros asignados.

Un Mundo Feliz. La Máquina del Tiempo. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Todos estos son ejemplos notables de ficción distópica, y todos son muy diferentes entre sí. Lo que las hace resonar entre otros, lo que las hace verdaderas, no es que estas situaciones ficticias sean posibles o en lo absoluto deseables. Es que son, aunque improbables, todavía posibles. Al menos, en parte

La ficción distópica nos enseña a ser cautelosos. Incluso cuando las cosas van bien, cuando la vida es fácil, debemos ser siempre cautelosos. Un desastre puede ocurrir sin mucho o ningún aviso. Un colapso ambiental, una guerra mundial, un levantamiento robótico.

Una pandemia global

Y cuando ese desastre golpee, o se siente en el horizonte, habrá quienes traten de aprovecharlo. Como Bran Stark, el personaje de Game of Thrones o Juego de Tronos, declaró: “El caos es una escalera”. Donde hay miedo, desorden y gente buscando respuestas, existe la oportunidad para aquellos con más ambición que escrúpulos.

Probablemente, una persona que busque aprovecharse de las situaciones males no va a llevarnos al fin del mundo tal y como lo conocemos. Pero aunque las probabilidades pueda que sean bajas, todavía no son cero. Si ya hemos considerado los efectos potencialmente desastrosos de las decisiones tomadas para “mitigar” una crisis en un espacio intelectual seguro y socialmente aceptable, no sólo se hace mucho más fácil abordar mentalmente la crisis original, sino también identificar y contrarrestar los posibles problemas en las acciones propuestas para detenerla.

En la psicología moderna, esto de considerar y visualizar los peores escenarios posibles se denomina “visualización negativa” o “pesimismo defensivo”, aunque tales prácticas pueden remontarse miles de años atrás a la filosofía del estoicismo. Puede ayudarnos a aliviar la ansiedad, superar los obstáculos internos y poner la vida real en perspectiva. En cierto modo, experimentar una historia distópica es una especie de pesimismo defensivo.

En las historias, es fácil, o menos difícil, distinguir a los villanos de los héroes. En la vida real, la gente no se despierta por la mañana y decide ser malvada. En la vida real, los villanos generalmente comienzan con buenas intenciones.

Pero es exactamente por eso que la ficción distópica y su pesimismo defensivo es tan importante (y por qué tiene un atractivo tan amplio). Como “Caperucita Roja”, la ficción distópica nos advierte de los peligros que acechan en los bosques metafóricos por los que intentamos navegar. Nos enseña a estar en guardia, a ser escépticos, y, en caso de ser necesario, a ser firmes y audaces frente a aquellos que nos llevarían al verdadero desastre.


  • Jen Maffessanti was a Senior Writer at FEE and is a mother of two. She is now Director of Communications of the Libertas Institute. When she's not advocating for liberty or chasing kids, she can usually be found cooking or maybe racing cars. Check out her website.