Fui pasante a los 33 años

Hola, soy Jen y fui una pasante a los 33 años.

Esta afirmación probablemente parezca un poco ridícula. Después de todo, las prácticas son para estudiantes universitarios y recién licenciados, ¿no? ¿Qué treintañero en su sano juicio aceptaría un puesto de trabajo tan mal pagado, de baja categoría e inherentemente temporal?

Yo lo hice.

Cabe señalar que solicité estas prácticas después de cinco años de trabajo voluntario a medio tiempo, donando mi tiempo y esfuerzo a diversas funciones y proyectos.

¿Por qué?

Era consciente de mis propias limitaciones. Por eso.

Ofrecí mi tiempo porque sabía que no tenía credenciales ni experiencia relevantes para el tipo de carrera que quería. Confiaba en que podía hacer el tipo de trabajo que quería hacer, y hacerlo lo suficientemente bien como para que valiera la pena pagarme, pero no tenía una verdadera manera de demostrarlo. Tenía una familia joven y otros factores personales que me impedían volver a estudiar, así que necesitaba otra forma de demostrar al menos mi competencia.

Le dediqué tiempo. Hice el trabajo. Hice los contactos. Me establecí como alguien que se esforzaría de forma fiable. Y entonces solicité unas pasantías en la Fundación para la Educación Económica (FEE). Cumplí 33 años a las dos semanas de mi primer día.

Y seguí esforzándome. Aprendí HTML básico y escribí ensayos por las noches después de preparar la cena y acostar a los niños. Hablaba con mi marido sobre ideas para artículos en el camino a casa de la abuela. Y, por si fuera poco, hacía conferencias de llamadas  desde alguna cama de un hospital (nadie me lo pidió y no lo recomiendo, pero a mí me resultó).

Casi exactamente cuatro meses después de mi primer día como becaria fue mi primer día como empleada permanente.

Eso fue hace dos años. Y no me arrepiento ni un poquito.

Para ser claros, no siempre lo disfruté. Hubo muchas películas que no vi, muchos eventos sociales a los que no fui. Hubo momentos en los que terminaba los trabajos en el salón de mis padres los sábados por la tarde o me acostaba tarde. Y todavía hay momentos en los que la respuesta a la pregunta "¿Valió la pena?" es "Lo valdrá", en lugar de "Lo valió".

Pero mi objetivo no es, ni nunca ha sido, maximizar la cantidad de diversión que tenga. Siempre ha sido el tener una carrera satisfactoria que haga notable diferencia en el mundo.

No estoy aquí para decirte que tienes que asumir más de lo que puedes manejar razonablemente o que debes mejorarte de la misma manera que yo lo hice. Por supuesto que no. Tú y yo somos personas diferentes. Lo que tú quieres de la vida no es ciertamente lo mismo que yo quiero de la vida. Tus objetivos profesionales no son los míos. Tus áreas de interés y aptitudes no coinciden con las mías.

Pero incluso si te encuentras en un trabajo que sabes que no va a durar para siempre, deberías hacerlo lo mejor posible. Deberías hacer un esfuerzo adicional para alcanzar la excelencia. Deberías adquirir el hábito de hacer lo que sea que estés haciendo tan bien como puedas. Debes seguir aprendiendo a llevar la bandeja.

Benjamín Franklin escribió en Poor Richard’s Almanack: "Una puntada a tiempo ahorra nueve". Nunca me ha gustado mucho la costura, así que prefiero la versión de Patrick Rothfuss: "Un momento en la mente vale más que nueve en el fuego".

Cuando estás empezando (no importa tu edad), estar "en el fuego" se parece mucho más a construir una carrera profesional que a contar puntadas de costura. Dedicar un poco de tiempo ahora a mejorar te liberará en el futuro para hacer las cosas que realmente quieres hacer, incluso si lo que haces ahora no parece tener ninguna relevancia para tu objetivo final.

Lo que ganas al aprender a llevar una bandeja no tiene que ver nada con la bandeja. Es la actitud, la mentalidad que aportas a tus funciones. Es la reputación y la marca que te construyes. Es asumir la responsabilidad de tu trabajo y tu rendimiento. Es pensar empresarialmente en tu vida en su conjunto, no sólo en su intersección con la creación de un negocio.

Así que tómate un momento en tu mente ya. Créeme, es mucho mejor que nueve en medio del fuego.