Desmontando el mito de que las leyes de salario mínimo son “progresistas”

Las leyes de salario mínimo son un ataque malintencionado hacia quienes tienen menos.

El salario mínimo es una especie de prueba de fuego. Y no sólo para los economistas. También para los defensores de la justicia social.

Olvídese, por un momento, de los aspectos económicos. En esencia, la legislación sobre el salario mínimo impone el desempleo obligatorio a los pobres, a los no cualificados, a las minorías raciales, a los jóvenes, a los discapacitados físicamente y, más aún, a los  discapacitados mentalmente, quienes son precisamente las personas a las que todos los hombres de buena voluntad quieren ayudar. Antes de la llegada de esta ley, la tasa de desempleo de los blancos de mediana edad y de los adolescentes negros era prácticamente la misma. Ahora, estos últimos están desempleados al cuádruple de los primeros.

De momento, discutamos la ética y la lógica del salario mínimo. Ahora te hago una oferta: ven a trabajar para mí: puedes lavar mi auto, limpiar mi casa, etc. Te pagaré 3 dólares por hora. Si esta oferta fuera seria, podría ir a la cárcel por hacerla. Si la aceptaras, también estarías infringiendo la ley, pero no recibirías más que un tirón de orejas, ya que el juez pensaría que te estoy explotando. ¿Violé los derechos de alguien? ¿Violé tus derechos al hacerte esta oferta? Difícilmente.

Como deberíamos saber por pura lógica que una oferta de empleo como la que ahora te hago, teóricamente (no me parece bien que me detengan), no puede sino mejorar tu bienestar económico. Es una propuesta de una opción que sencillamente no tenías antes de que te la hiciera. Si la rechazas, no estarás peor de lo que habrías estado. Si la aceptas, este trabajo te beneficia necesariamente, al menos ex ante (mirando al futuro), ya que, presumiblemente, no tenías otra alternativa mejor que ésta. Soy tu benefactor, no tu explotador.

Y ahora, el aspecto económico. Hay quien cree que el salario mínimo es como un suelo; si se aumenta, suben las escalas salariales, sobre todo las del extremo inferior de la pirámide económica. Si esto fuera así, ¿por qué ser tan modesto como para querer subirlo, únicamente, a 15 dólares por hora? ¿Por qué no 1.500 dólares por hora? Entonces, ¡todos seríamos ricos! Podríamos detener toda la ayuda exterior a los países pobres. Podríamos decirles, en cambio, que instalen un decreto de salario mínimo en un alto nivel.

No, el salario mínimo es más bien una barrera que hay que saltar para conseguir un trabajo en primer lugar y luego mantenerlo. Cuanto más alto sea este obstáculo, más difícil será que lo saltes. Volvamos a mi oferta de 3 dólares por hora. Supongamos que eres muy poco cualificado. Su productividad, la cantidad de ingresos que puede añadir a mi cuenta de resultados, es de sólo 3 dólares por hora. Si te contrato a 15 dólares, perderé 12 dólares por hora. Por tanto, no te contrataré si quiero maximizar las ganancias. Si lo hago de todos modos, me arriesgaré a irme a la quiebra. ¿Qué es mejor para usted: ningún salario, cero, nada, con esta ley en vigor? ¿O 3 dólares por hora, sin esta promulgación? Está claro que 3 dólares por hora es mejor que nada.

He aquí tres objeciones a lo anterior. En primer lugar, si uno está totalmente desempleado, podría tener derecho a la asistencia social; si está empleado con un salario bajo, probablemente no. Así que el salario mínimo, al menos con un programa de asistencia social, es un beneficio para los pobres. Es cierto. Pero aquí no nos atenemos a las condiciones ceteris paribus (todo lo demás es igual). Si queremos ver claramente los efectos económicos de esta regulación, tenemos que mantener todo lo demás constante. Supongamos que no hay bienestar en absoluto, o que la cantidad de pagos es la misma, ya sea en el trabajo o no. Entonces, podemos ver claramente que algo es mejor que nada, y, también, que algo más un pago de beneficios es mejor que nada más el mismo pago de beneficios.

En segundo lugar, está la afirmación del monopsonio, que es un único comprador de mano de obra, o, el oligopsonio, una situación en la que sólo hay unos pocos empleadores. Se trata de un concepto divisivo dentro de la ciencia lúgubre (la economía), que no necesitamos discutir aquí. Pero una cosa está clara: sólo se aplica, si es que se aplica, a las empresas que emplean a trabajadores altamente cualificados. Por ejemplo, la NBA, la NFL, la MLB y otros equipos deportivos de este tipo; a los médicos, ingenieros, abogados, informáticos, con conocimientos muy especializados que sólo pueden ser utilizados por una o muy pocas empresas. Pero estas personas ganan múltiplos de 15 dólares por hora que muchos piden. Por lo tanto, esta objeción ni siquiera es relevante para nuestra discusión actual.

En tercer lugar, varios economistas no han podido encontrar en sus estudios econométricos los efectos de desempleo que implica esta directiva. Respuesta: deberían buscar un poco más, indagar un poco más. No han hecho todos sus deberes.

La ley del salario mínimo no debe ser aumentada, no debe permanecer constante, no debe ser bajada. Hay que acabar con ella, inmediatamente, y sembrar sal donde antes estaba. Pueda que sus defensores tengan buenas intenciones, pero en la práctica es un ataque malicioso a los más desfavorecidos.