Texas acaba de convertirse en el último estado que opta por salirse del quebrado esquema federal de asistencia social

La noticia es alentadora para cualquiera que quiera recompensar el trabajo, no la dependencia ociosa.

Un programa federal de asistencia social disfuncional está contribuyendo a una escasez nacional de mano de obra en los Estados Unidos. Ahora, podemos añadir a Texas a la lista, cada vez más larga, de estados que optan por no participar.

El programa en cuestión es la expansión pandémica de los pagos por desempleo del gobierno federal. Al comienzo de la crisis, el Congreso amplió las prestaciones a nuevas categorías de trabajadores y añadió un pago adicional financiado por el gobierno federal además de las prestaciones de desempleo existentes a nivel estatal. Este aumento, vigente hasta septiembre, ha perpetuado un sistema en el que la mayoría de los desempleados pueden ganar tanto o casi tanto quedándose en casa como volviendo a trabajar. 

A medida que la economía se calienta de nuevo, este desincentivo al trabajo está dificultando seriamente la recuperación del mercado laboral. El beneficiario promedio gana el equivalente a $17.13 dólares por hora con las prestaciones. (Eso es sólo el promedio, ¡muchos en estados con salarios altos como Massachusetts ganan incluso más!). Esto hace que muchos estadounidenses desempleados no tengan ningún incentivo -tienen más bien un desincentivo- para volver a trabajar, incluso en empleos que pagan 15 dólares por hora (o más).

¿Cuál es el resultado? 

Los empleadores informan de la escasez de solicitantes de empleo y millones de puestos de trabajo siguen sin cubrirse en todo el país, mientras decenas de millones de personas siguen recibiendo prestaciones por desempleo. El Congreso, controlado por los demócratas, se niega a reducir este sistema -o incluso a reconocer la existencia de un problema-, pero algunos estados están tomando cartas en el asunto.

Más de 19 estados, entre los que se encuentran Montana, Mississippi, Utah y ahora Texas, se están movilizando para rechazar el pago federal y restaurar a niveles normales los pagos por desempleo en sus estados. El gobernador de Texas, Greg Abbott, anunció la incorporación de su estado a la lista, el mayor estado en hacer esto hasta ahora.

La decisión del gobernador se produce en un momento en el que Texas experimenta un desempleo persistentemente elevado, a pesar de la plena reapertura de su economía. (Los empresarios texanos lo atribuyen a los beneficios ultra generosos).

Las noticias procedentes de Texas son alentadoras para cualquiera que crea que la economía estadounidense debe recompensar el trabajo, no la dependencia ociosa. Y el desarrollo es un buen augurio para la recuperación económica, al menos en estos estados. Para los que optan por seguir en el coma del Estado de beneficios, el futuro parece menos brillante.