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martes, enero 25, 2022

Programa de estímulo de 800.000 millones de dólares fracasó terriblemente y benefició mayormente a los ricos, según economista del MIT

Alrededor del 75 por ciento de los beneficios fueron a parar en las manos del 20 por ciento de quienes ganan más.

Image Credit: iStockPhoto.com

El gobierno norteamericano gastó la asombrosa cifra de 42.000 dólares por contribuyente federal en los llamados esfuerzos de “estímulo” desde que comenzó la pandemia. ¿A dónde fue a parar todo ese dinero? Pues resulta que uno de los mayores programas de estímulo, el Programa de Protección de Cheques, fracasó terriblemente.

Al menos, esa es la conclusión de un nuevo estudio del economista del MIT, David Autor y nueve coautores. Examinaron el Programa de Protección de Cheques de 800.000 millones de dólares, que concedió “préstamos”, la mayoría de los cuales no tendrán que ser devueltos, a las empresas. Fue creado tanto por los republicanos como por los demócratas del Congreso con la esperanza de ayudar a las empresas a preservar los puestos de trabajo de sus empleados mientras durara la crisis de COVID-19. 

El estudio hace un seguimiento del dinero para ver a dónde fue a parar y qué se consiguió. Los resultados… no son alentadores. 

El análisis muestra que, aunque el 93% de las pequeñas empresas recibieron préstamos por parte del programa, sólo se conservaron entre 2 y 3 millones de puestos de trabajo. El programa gastó la asombrosa cifra de 170.000 a 257.000 dólares por cada puesto de trabajo que se conservó. Eso es mucho más de lo que se paga en la mayoría de esos puestos de trabajo.

Además, el estudio concluye que sólo entre el 23 y el 34 por ciento de los dólares del programa se destinaron a los trabajadores que, de otro modo, habrían perdido sus empleos, lo que significa que la gran mayoría fue a parar a los “propietarios y accionistas de las empresas”. (Ah, y también se perdió un montón por fraude). 

Los autores concluyen que los beneficios del programa fueron “altamente regresivos”, lo que significa que beneficiaron más a los ricos, con cerca del 75% de los beneficios nutriendo al 20% con los mayores ingresos. 

¿Suena todo esto como un uso eficaz de 800.000 millones de dólares, dinero de los contribuyentes?

Algunos podrían ser tentados a concentrarse en los aspectos positivos y señalar que el programa ayudó a algunas personas. Pero no podemos evaluar las políticas gubernamentales sin tener en cuenta el costo de oportunidad, las compensaciones. ¿Qué podrían haber hecho los particulares con esos 800.000 millones de dólares? Al fin y al cabo, cada dólar que gasta el gobierno debe proceder, directa o indirectamente, de los contribuyentes. 

Entre donaciones caritativas privadas e inversiones en empresas y puestos de trabajo privados, es difícil imaginar un escenario en el que ese dinero no creara más puestos de trabajo y riqueza si se hubiese dejado en manos privadas. Pero entonces los políticos no tendrían un destacado programa de “estímulo” que señalar como “logro” en la campaña electoral. 

Es triste, pero no muy sorprendente, que la conveniencia política haya triunfado sobre la eficiencia económica en un programa de gasto federal tan importante.