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miércoles, julio 15, 2026 Read in English
Créditos de imagen: FEE

¿Por qué los millonarios están abandonando el Reino Unido?


El gobierno los está sacando a fuerza de impuestos.

Samuel Johnson escribió alguna vez que “cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida”. Sin embargo, hoy parece haber un grupo que sí está cansado de Londres: los millonarios.

En la última semana de junio de 2026, una de las ferias de antigüedades más famosas del mundo, la Treasure House Fair, tuvo lugar en Londres, atrayendo a coleccionistas y comerciantes de todo el mundo. Pero este año, lo que llamó la atención no fueron solo las antigüedades, sino la caída en el flujo de visitantes. En ese momento, el New York Times informó que “muchos comerciantes enfrentan una caída significativa en el flujo de clientes, o ya no pueden permitirse tener una sala de exposición en absoluto”.

La escasez de clientes para artículos de lujo apunta al cambio: el Reino Unido ha superado recientemente a China como líder mundial en emigración de millonarios. En 2025, aproximadamente 16.500 millonarios abandonaron el país. China ocupó el segundo lugar, con menos de la mitad de esa cifra. Pero Samuel Johnson debería tomar nota, porque estos millonarios no están cansados de la vida; están cansados de un gobierno orientado por misiones.

Cuando el gobierno laborista llegó al poder en 2024, tenía una visión clara del modelo de gobernanza que quería implementar: el gobierno orientado por misiones. Siguiendo el consejo de Mariana Mazzucato (Profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público en el University College de Londres), el gobierno adoptó la idea de que el Estado debería volverse más emprendedor, dejar de ver el gasto público como un mero gasto y subsidiar sectores claves en la búsqueda de una economía dirigida por misiones.

Después de casi dos años, una lección ha quedado clara: nada es peor para los emprendedores que un Estado emprendedor.

Es un hecho que la gobernanza orientada por misiones requiere más dinero, y ese dinero de algún lado lo tienen que sacar. Desde que asumió el cargo, este gobierno ha introducido £40.000 millones ($53.400 millones) en aumentos de impuestos en su primer presupuesto y ha añadido £186.000 millones ($248.000 millones) a la deuda nacional, que ahora se acerca al PIB anual del Reino Unido.

El error del Partido Laborista comenzó desde el arranque. Supuso que el problema fundamental de Gran Bretaña era simplemente que el gobierno no gastaba lo suficiente. La Canciller Rachel Reeves argumentó que “la única manera de impulsar el crecimiento económico es invertir, invertir, invertir. No hay atajos”. Pero la misión en la que cree el gobierno de Reeves no es necesariamente la misión en la que creen las empresas británicas.

El modelo de misión impulsado por Mariana Mazzucato ha atraído partidarios de todo el espectro político, desde la derecha nacionalista, que quiere revivir la manufactura estadounidense, hasta la izquierda, que quiere alcanzar las cero emisiones netas o reducir la desigualdad. Pero el problema central sigue siendo el mismo: ¿cuál misión debemos elegir?

La propia Mazzucato podría priorizar las cero emisiones netas, el empleo inclusivo o la reducción de la desigualdad. Pero el éxito de cualquier misión requiere que el gobierno dirija los resultados económicos. Como advertía famosamente Friedrich Hayek: “Ser controlados en nuestras actividades económicas significa ser controlados en todo”. Toda misión de gobierno requiere dirección gubernamental. Sin embargo, los gobiernos carecen del conocimiento para determinar qué dirección debe tomar una economía, como ya ilustra la experiencia del gobierno laborista. Si los políticos supieran realmente qué industrias representan el futuro, probablemente no estarían en el gobierno. Como ha preguntado Deirdre McCloskey a los ingenieros sociales: Si eres tan inteligente como para saber hacia dónde debe ir la economía, ¿por qué no eres rico?

La consecuencia de este enfoque orientado por misiones ha sido una búsqueda cada vez mayor de nuevas fuentes de ingresos fiscales. Como supuestamente se quejó un ministro del gabinete en un mensaje de WhatsApp: “En cada reunión que tengo, el tema es a quién podemos gravar para pagar beneficios a otros”.

Esa mentalidad ha contribuido a expulsar a los millonarios del Reino Unido; pero no es exclusiva del Partido Laborista. En marzo de 2024, el gobierno conservador anterior abolió el régimen fiscal de no domiciliados, que había estado vigente durante mucho tiempo, eliminando las exenciones fiscales sobre ingresos y ganancias en el extranjero. Luego vinieron nuevos aumentos al impuesto sobre las ganancias de capital, al impuesto de sucesiones y al impuesto de sociedades. Alguien tiene que pagar por la misión, supongo.

El panorama también parece cada vez más incierto. El primer ministro Sir Keir Starmer ha renunciado, y Andy Burnham, exalcalde de Mánchester, tiene muchas probabilidades de convertirse en el próximo primer ministro tras regresar a la Cámara de los Comunes al ganar la elección parcial de Makerfield. El periodista Andrew Neil comentó alguna vez que cada vez que Burnham “abre la boca, aumenta el gasto público”.

Los mercados ya no parecen confiar en la dirección fiscal del gobierno. Los rendimientos de los bonos del gobierno del Reino Unido son ahora los más altos del G7, y los costos de endeudamiento que obligaron a Liz Truss a dejar el cargo en menos de dos meses se han convertido en la nueva normalidad.

Pero lo que el gobierno laborista necesita no es más gasto público. Necesita una teoría del crecimiento. El crecimiento no requiere un Estado emprendedor. Requiere un gobierno dispuesto a hacerse a un lado. El gobierno del Reino Unido quiere ser emprendedor y también redistributivo, subir impuestos y al mismo tiempo ser favorable a los negocios. El que probablemente será el próximo primer ministro describió reveladoramente su ideología como “socialismo que favorece a los negocios”.

El crecimiento económico no surge de las oficinas de Whitehall. Surge de los garajes, talleres y startups de los emprendedores. El crecimiento tiene bases microeconómicas: las empresas asumen riesgos porque esperan disfrutar de las recompensas del éxito, no verlas redistribuidas.

No hace falta que el gobierno empuje a los emprendedores, que les asigne misiones ni que dirija sus inversiones. Lo que la profesora Mazzucato y el gobierno laborista no logran apreciar es que la gran fortaleza del libre mercado es precisamente que no tiene una misión única ni un plan maestro. En cambio, está guiado por millones de individuos que persiguen planes distintos, cada uno sometido a prueba mediante la competencia. Gran Bretaña debería volver a abrazar la autonomía individual en la vida económica y rechazar a los políticos que creen saber mejor que nadie la dirección que debe tomar la economía.


  • Mani Basharzad es periodista económico con publicaciones en el Adam Smith Institute y el Mises Institute, y con entrevistas difundidas por centros de investigación globales como el Cato Institute. Su investigación se centra en la economía del desarrollo liberal y en el proyecto Abuse of Reason de Hayek. Además, conduce el pódcast Humanomics.