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martes, febrero 8, 2022

“Los encierros tuvieron poco o ningún efecto en la mortalidad por COVID”: Afirma nuevo estudio de Johns Hopkins

Pero los costos de estas medidas draconianas no fueron para nada mínimos

Crédito de la imagen: Ridofranz vía iStockPhoto.com

Estamos en el tercer año de la pandemia COVID-19. Desde los mandatos de las mascarillas hasta los pasaportes de las vacunas, las restricciones gubernamentales a nuestras libertades siguen vigentes. Pero, afortunadamente, al menos en los Estados Unidos, la era de las órdenes de encierros que confinan a los estadounidenses en sus hogares para “frenar la propagación” terminó. 

Desgraciadamente, un nuevo meta-análisis de estudios muestra que todo el dolor y el sacrificio que soportamos por esas órdenes lograron poco, a pesar de sus tremendos costos. 

La nueva revisión de la investigación fue dirigida por el economista Steve Hanke y publicada por la Universidad Johns Hopkins. En ella se evaluaron 24 estudios relevantes que examinaban el rigor de los encierros, el impacto de las órdenes de permanencia en el hogar y la eficacia de restricciones específicas. El meta-análisis concluye que “los cierres han tenido un efecto escaso o nulo en la mortalidad por COVID-19”.

¿Por qué los mandatos de permanencia en el hogar no combatieron eficazmente la pandemia? Bueno, hasta cierto punto simplemente retrasaron lo inevitable. Además, las investigaciones demostraron que la mayor parte de la propagación del COVID-19 se produjo en los hogares. 

“Las micropruebas contradicen el ideal de salud pública en el que los hogares serían lugares de confinamiento solitario y de transmisión cero”, concluyó el economista de la Universidad de Chicago Casey B. Mulligan. “Por el contrario, las pruebas sugieren que ‘los hogares muestran las mayores tasas de transmisión’ y que ‘los hogares son entornos de alto riesgo para la transmisión de [COVID-19]'”.

Así que, por muy descorazonador que sea, no es de extrañar que Hanke y compañía hayan encontrado un impacto tan mínimo sobre la salud pública luego de las políticas de bloqueo. 

“Los estudios sobre el índice de rigor revelan que los cierres en Europa y Estados Unidos sólo redujeron la mortalidad por COVID-19 en un 0.2% en promedio”, concluye su nueva investigación. “[Las órdenes de permanencia en el lugar] tampoco fueron efectivas, ya que sólo redujeron la mortalidad por COVID-19 en un 2.9% en promedio. Los estudios específicos [de restricción no farmacéutica] tampoco encuentran pruebas amplias de efectos notables sobre la mortalidad por COVID-19”.

Pero los costos de estas medidas draconianas no fueron para nada mínimos. Devastaron la economía, abatieron a la clase trabajadora, alimentaron una crisis de salud mental entre los jovenes, provocaron sobredosis de drogas que batieron récords, agravaron una ola de criminalidad, retrasaron tratamientos médicos que pudieron salvar vidas y mucho más.   

Estos resultados devastadores nos recuerdan una lección crucial. Cuando los planificadores centrales, en su arrogancia, ignoran el hecho de que sus acciones tendrán amplias consecuencias que van más allá de sus intenciones, se produce el sufrimiento humano.

“No es suficiente… respaldar la legislación que tenga un título bonito y prometa hacer algo bueno”, escribió el economista Robert P. Murphy para la *Fundación para la Educación Económica (FEE). “La gente tiene que pensar en todas las consecuencias de una política, porque a menudo conducirá a una cura peor que la enfermedad”.

En lo que respecta a las políticas de confinamiento, la “cura” queda demostrado que fue mucho más perjudicial que útil.  

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