Hasta el New York Times reconoce los potenciales peligros del teatro de seguridad alrededor del COVID-19

Esto es lo que parece cuando el teatro de la seguridad se vuelve totalmente contraproducente.

Las inútiles y onerosas medidas de "seguridad", que en realidad sólo pretenden tranquilizar a la gente, ya no se limitan únicamente a los aeropuertos. Cuando comenzó la pandemia de COVID-19, no entendíamos del todo cómo se propagaba el virus. Pero a medida que aprendimos más sobre cómo se propaga -y no se propaga-, nuestras prácticas de seguridad contra la pandemia no se han adaptado. 

Muchas de las supuestas políticas de higiene de COVID-19 son esencialmente un "teatro de seguridad" al estilo de los aeropuertos en este momento. Pero no sólo son inútiles. Nuevos informes sugieren que algunas supuestas medidas preventivas, como los "escudos" de plástico que se colocan entre las personas, pueden en realidad empeorar la propagación del COVID-19.

Todos los hemos visto. Están en el supermercado, en la caja registradora o incluso en muchas escuelas, separando a los profesores de los alumnos. Sin embargo, los expertos dicen que las barreras no funcionan.

"Los científicos que estudian los aerosoles, el flujo de aire y la ventilación dicen que la mayor parte del tiempo, las barreras no ayudan y probablemente le den a la gente una falsa sensación de seguridad", informa el New York Times. "Y a veces las barreras pueden empeorar las cosas".

De hecho, un estudio publicado en la revista Science descubrió que el uso de protecciones en los pupitres que separan a los alumnos en las aulas se asociaba con un mayor riesgo de contagio del COVID-19. ¿A qué se debe esto?

"Si tienes un bosque de barreras en un aula, va a interferir con la ventilación adecuada de esa sala", le dijo al New York Times la profesora de ingeniería de Virginia Tech Linsey Marr. "Los aerosoles de todo el mundo van a quedar atrapados y atascados allí y se van a acumular, y acabarán extendiéndose más allá de tu propio escritorio".

"Si hay partículas de aerosol en el aire del aula, esos escudos alrededor de los estudiantes no los protegerán", coincidió el decano de ingeniería de la Universidad de California en Davis, Richard Corsi. "Dependiendo de las condiciones de la corriente de aire en el aula, puede entrar una corriente descendente en esos pequeños espacios en los que ahora están confinados y hacer que las partículas se concentren en su espacio".

En pocas palabras, las barreras de plástico no detienen la propagación aérea. E incluso pueden aumentar las posibilidades de infección al obstruir la ventilación de la habitación. Por tanto, estas barreras son algo más que molestas. El teatro de seguridad es posiblemente peligroso y contraproducente.

Algunos podrían argumentar que no importa si estas medidas no son todas muy eficaces. ¿Por qué no tomar todas las precauciones posibles? ¿Y qué hay de malo en hacer que la gente se sienta mejor?

En realidad, mucho. Este punto de vista es profundamente ingenuo e ignora la lección más básica de la economía: la escasez, el costo de oportunidad y las compensaciones. La realidad es que sólo disponemos de una cantidad de tiempo y energía para dedicarle a las medidas de seguridad. El tiempo y la energía dedicados a una medida implican necesariamente una menor dedicación a otra. Nadie puede o quiere tomar todas las precauciones y todas las medidas restrictivas tienen un costo social, económico y humano. 

Así que es una buena noticia que incluso el New York Times se esté dando cuenta de los peligros del teatro de seguridad. Tal vez pronto se den cuenta de que todas las restricciones contra la pandemia, no sólo las barreras de plástico, conllevan a serias compensaciones.