¿Deberían regularse las Fake News (Noticias Falsas)?

Hay un viejo dicho que dice que no se puede legislar la estupidez. Las políticas excesivas no cambiarán ese hecho y sólo terminarán despojando a todo el mundo de sus libertades.

Las "fake news" se han convertido en la respuesta a cualquier pregunta o noticia con la que una figura pública no esté de acuerdo o que no le guste. Aunque se popularizó en los EE.UU., los políticos y expertos de toda Europa ahora utilizan la misma respuesta para desviar, evitar el escrutinio y, a veces, señalar la realidad.

La mayoría de las acusaciones humorísticas (pero potencialmente peligrosas) de noticias falsas se han convertido en negocios como lo es de costumbre por parte de funcionarios públicos, mariposas de las redes  sociales y comentaristas de todo el mundo. Pero, ¿significa esto que las historias falsas y los que las crean deben ser regulados y censurados por el gobierno?

El caso contra la censura gubernamental

Desde que Internet se convirtió en un medio principal de comunicación y comercio de negocios e individuos, ha estado bajo el ataque de varias agencias gubernamentales, defensores de la justicia social y grupos de vigilancia que quieren regularla o cerrar grandes secciones de ella.

Bajo el pretexto de proteger los derechos de los ciudadanos, las agencias gubernamentales de todo el mundo han implementado regulaciones digitales que van desde los requisitos del GDPR (Reglamento General de Protección de Datos) de Europa hasta el alcance de las intrusivas "leyes de fisgoneo" de Australia. Dejaremos para otro momento las discusiones sobre la "neutralidad de la red" y las últimas hazañas de Mark Zuckerberg.

¿Cómo podemos tener una Internet libre y un Estado regulando todo al mismo tiempo?

Aunque la mayoría puede estar de acuerdo en que publicar noticias falsas o engañosas puede ser perjudicial para un público que merece honestidad y transparencia por parte de sus gobiernos y de los medios de comunicación, la regulación del discurso de grupos o ciudadanos comunes en la era de la información es poco práctica y casi imposible desde el punto de vista legal y de la aplicación de la ley. También conduce a una pendiente resbaladiza que amenaza con castigar formas de expresión frecuentemente protegidas como la sátira y la crítica válida.

En un mundo con nuevos focos de jerga orwelliana apareciendo por todas partes, equilibrar la demanda de integridad gubernamental y periodística con el derecho del público a la libertad de expresión nos deja sin respuestas fáciles.

¿Cómo podemos tener una Internet libre y sin trabas y un Estado que actúa como niñera microgestionado al mismo tiempo? ¿Es posible regular realmente un medio global y sin fronteras para el intercambio de discursos e información, o la moderación debe recaer en la empresa privada y en el discernimiento de nosotros, el pueblo?

Totalitarismo versus tecnología

Muchos algoritmos de inteligencia artificial pueden ayudar con el problema de las noticias falsas, pero no son infalibles. El uso de plataformas como los motores de búsqueda y los navegadores web que no están sujetos a sesgos o anunciantes de pago es otra cosa. Todos estos enfoques se basan en una asociación entre la tecnología y la empresa privada para crear sistemas de monitoreo que sean justos e imparciales.

La tecnología no sólo ha hecho que el mundo sea más seguro y eficiente, sino que también ha hecho que la comunicación sea más peligrosa en algunos aspectos.

La mayoría de las plataformas grandes utilizan mecanismos de verificación para determinar si un sitio web, grupo o individuo es quien dice ser, y marcarán dichas plataformas con una señal de verificación o símbolo de autenticación. Esto no siempre garantiza exactitud en sus reportes, pero usted sabrá al menos a quién responsabilizar.

Los sitios web de sátira legítimos suelen incluir una cláusula de exención de responsabilidad en la parte inferior de sus páginas y en todas las historias (La conocida publicación “The Onion” no lo hace). Puede hacer clic en los enlaces incrustados en los artículos para determinar la fuente y aprender más sobre el autor de ese contenido. A menudo, todo lo que se necesita es mirar más allá de los titulares atractivos  y saltar directamente a los botones de “me gusta/compartir” para determinar si algo es falso, es una sátira o una mentira completa.

Cuando la falsificación se vuelve peligrosa

Las estafas y los esquemas no son nuevos, ni son exclusivos de Internet. Hay algunos que creen que si usted cae en una estafa por Internet o  “phishing”, usted merece perder todo su dinero, pero eso es un poco extremo.

El gobierno ha determinado que no todos los discursos están protegidos. El ejemplo más citado es gritar "¡Fuego!” en una sala de cine llena de gente. Cualquier discurso o literatura que esté intencionado a incitar a la violencia también puede estar sujeto a responsabilidad penal, y es ilegal bajo la ley civil calumniar o difamar públicamente a alguien.

Pero la tecnología no sólo ha hecho que el mundo sea más seguro y eficiente, sino que también ha hecho que la comunicación sea más peligrosa en algunos aspectos. Tomemos el ejemplo de las falsificaciones profundas.

Avances Tecnológicos con los Fake News

Las grandes falsificaciones son videos de personas reales que son manipulados por software de alta tecnología para que parezcan que están diciendo cosas que son falsas o que se vean mal representadas y que no reflejen nada de lo que el sujeto del video haya dicho realmente. Sólo basta  informar algo fuera de contexto para que la travesura tome otros niveles..Los vídeos alterados pueden influir  la opinión pública y volverse peligrosos cuando nos incitan a la guerra contra nosotros mismos o contra otras naciones.

Un famoso ejemplo reciente es el video de Nancy Pelosi que fue alterado ligeramente y hecho más lento  para hacer parecer que Pelosi estaba arrastrando sus palabras, lo que implicaba que a menudo está borracha en horas de trabajo.

El problema es que estos videos alterados pueden influir en la opinión pública y volverse peligrosos cuando nos incitan a la guerra contra nosotros mismos o contra otras naciones, o nos engañan invitando a la opresión. A la luz de esta tendencia aterradora, las agencias gubernamentales en los EE.UU. y el Reino Unido están presionando para regular o castigar a las compañías de redes sociales en las que se publican tales mentiras.

¿Ha funcionado alguna vez la auto-regulación?

¿Tiene una plataforma de “hosting”, donde se aloja el contenido, la responsabilidad de los artículos, vídeos y fotos publicados y compartidos por ciudadanos (o grupos) públicos y privados si se demuestra que su intención de compartirlos es maliciosa? Esa es la gran pregunta. Gigantes de la industria tecnológica como Facebook, YouTube y Twitter han puesto en marcha mecanismos de autorregulación para bloquear y reportar contenido, pero hay quejas persistentes -típicamente de la derecha contra la supuesta inclinación hacia la izquierda de estos puntos de venta- de que los algoritmos sesgados y los curadores injustos los convierten en un ejercicio sin sentido.

La naturaleza humana nos dice que aunque se pruebe que algo es falso, un cierto número de personas siguen pensando que es cierto y lo compartirán aún más gracias a su propia disonancia cognitiva o a su puro sensacionalismo. Esto típicamente lleva a un gobierno de mano dura a que intervenga para proporcionar regulación, un movimiento que puede causar más daño en la pérdida de libertades civiles de lo que las noticias falsas originales jamás lo hicieron.

Pero hay una gran posibilidad de que nos estemos dirigiendo  hacia allá.

¿Dónde está el culpable?

Otra dificultad para evaluar la culpa de las noticias falsas y las falsificaciones profundas es averiguar quién empezó la cosa en primer lugar. Los mismos servicios de red privada virtual que son fuertemente promovidos como una forma para que el usuario promedio de Internet luche contra el malware y los virus asociados con los hackers no se hacen mágicamente inaccesibles para aquellos que se empeñan en propagar noticias falsas.

También tenemos que dejar de recompensar a los sensacionalistas, oportunistas y alborotadores con gustos, puntos de vista y acciones.

El anonimato de IP creado por una VPN dificulta que los organismos reguladores sepan quién debe ser castigado debido a la dificultad de encontrar dónde comenzó en primer lugar.

¿Cuál sería la solución? Hasta que las compañías de tecnología no encuentren la manera de deshacerse de contenido malicioso con un enfoque justo, imparcial y ecuánime, debemos dejar que nosotros mismos usemos nuestro cerebro para comprobar los hechos y llegar a ser perspicaces en lo que vemos y compartimos. También tenemos que dejar de recompensar a los sensacionalistas, oportunistas y alborotadores con “me gusta”, comentarios  y “compartir”. El contenido no puede volverse viral sin nuestra ayuda.

Reflexiones finales

A menos que planee evitar la Internet por completo, su mejor opción es probablemente no recurrir a ningún organismo gubernamental para que lo salve de los agitadores del mundo.

Hay un viejo dicho que dice que no se puede legislar la estupidez. La gente crédula siempre va a existir. Las políticas exageradas no cambiarán ese hecho y sólo terminarán despojando a todo el mundo de sus libertades.