Hay una serie de lecciones económicas en esta película para aquellos que saben qué buscar.
Actualmente, la nueva película Twisters está cosechando buenos resultados en taquilla y, aunque se la considera una secuela independiente, rinde homenaje a la Twister original y hace que merezca la pena volver a ver la película de 1996. Me encantaba Twister cuando era adolescente y, al volver a verla, he descubierto varios aspectos relacionados con la economía austriaca y los principios del libre mercado. Y como me encanta cualquier motivo para revivir mi juventud y hablar de temas empresariales, vamos a hacer un breve repaso de la película y a añadir algunas citas económicas que resisten el paso del tiempo.
La premisa
Desde el principio, la película Twister de los 90 está llena de acción, con tornados consecutivos y una plétora de encuentros cercanos. Los protagonistas parecen correr constantemente hacia y desde cielos peligrosamente tormentosos. Las estrellas de la película, Helen Hunt y Bill Paxton, están decididos a conseguir una cosa: que Dorothy vuele. Dorothy es una pieza de equipo que contiene sensores de datos que, si se sueltan en lo que el personaje de Philip Seymour Hoffman llama la «zona chupada», podrían mejorar las capacidades de seguimiento de tormentas y, por tanto, aumentar los tiempos de alerta de tornados.
La experimentación es clave a la hora de aprovechar las nuevas innovaciones, y este es sin duda el caso de Dorothy. Lasnormas de seguridad, los procedimientos políticos y las licencias operativas no preocupan a los personajes de esta película, y la clásica frase «quien no arriesga, no gana» resume la mentalidad de todos los implicados. Y aunque Dorothy es una poderosa pieza tecnológica, sólo es tan buena como los individuos que la idearon y sólo es útil si se enciende y se apaga en el momento y el lugar adecuados, lo que (alerta de spoiler) lleva cuatro intentos. Por ello, la siguiente cita de La Constitución de la Libertad de F. A. Hayek, publicada por primera vez en 1960, parece aplicable para ilustrar un mensaje subyacente de esta película:
Lo que importa es luchar con éxito por lo que en cada momento parece inalcanzable. No son los frutos del éxito pasado sino el vivir en y para el futuro en lo que la inteligencia humana demuestra su valía.
Las personas
La acción humana es sin duda el centro de atención de la película (lo que resulta obvio por su tema musical, «Humans Being» de Van Halen), y los aficionados a la economía austriaca saben que nadie llamó tanto la atención sobre el papel de los individuos y el ingenio como Ludwig von Mises. En su obra magna, La acción humana, Mises afirma: «Todo lo que se piensa, se hace y se logra es una actuación de los individuos. Las nuevas ideas e innovaciones son siempre un logro de hombres poco comunes». Y los personajes de Twister son de lo menos común que puede haber.
Helen Hunt interpreta a Jo y es la única cazadora de tormentas que ha presenciado un tornado F5 y, habiendo perdido a su padre en él cuando era joven, está decidida a salvar futuras vidas de tales tormentas. El personaje de Bill Paxton, casualmente llamado Bill, es un «barómetro humano» con la capacidad de sentir lo que hacen los cielos. Bill también tiene el apodo de «El Extremo», debido a su historial de comportamientos que desafían a la muerte. Es apropiado que tanto Jo como Bill sean los inventores de Dorothy, así como el interés amoroso del otro, dada su disposición a asumir riesgos y su deseo de desafiar el statu quo. Jo y Bill tienen la competencia y la valentía de poner a prueba los límites de la realidad para influir en el mundo que les rodea. Así, Twister conecta bien con lo que se reitera a lo largo del libro de Mises de 1933 Problemas epistemológicos de la economía:
Los objetivos cambian, las ideas de la tecnología se transforman, pero la acción siempre sigue siendo acción. La acción siempre busca medios para realizar fines, y en este sentido siempre es racional y consciente de la utilidad. Es, en una palabra, humana.
La finalidad
La autodirección, la autonomía operativa y la asunción de riesgos están presentes en toda la película, pero la importancia del capital humano es también innegable. Durante la persecución de cada tormenta, el equipo de Jo y Bill se comunica constantemente entre sí, y aunque está claro quién está al mando, nunca es necesario pedir permiso, puesto que ya se ha establecido un nivel de confianza. El equipo improvisa cuando es necesario y aprovecha cualquier recurso disponible para poner a Dorothy en el aire. De hecho, sus limitados medios fomentan la creatividad, ya que conducen por campos de cultivo, fijan restos de latas de refresco a sensores y parecen sobrevivir con café para llevar que rara vez tienen ocasión de beber.
En general, el equipo está formado por individuos eclécticos con habilidades diversas, pero sus intereses están claramente alineados, tanto en lo que respecta a la persecución de tormentas como a la salvación de Meg, la tía de Jo. Cuando una tormenta azota el pueblo de Meg, la seguridad de Meg es lo que tiene prioridad, y el equipo se centra en conseguir ayuda para Meg en lugar de poner a Dorothy en el aire. Las sabias palabras del tratado de Carl Menger Principios de Economía, de 1871, son por tanto muy apropiadas en este caso, dado que los individuos no sólo generan lo que tiene valor, sino que también determinan lo que es valioso:
El valor no es nada inherente a los bienes, ninguna propiedad de ellos, ni una cosa independiente que exista por sí misma. Es un juicio que hacen los hombres economizadores sobre la importancia de los bienes de que disponen para el mantenimiento de su vida y su bienestar. Por lo tanto, el valor no existe fuera de la conciencia de los hombres.
El punto de controversia
Hasta ahora he alabado esta película, pero hay un aspecto que me irrita. Al principio de la película conocemos al rival de Jo y Bill, Jonas, interpretado perfectamente por Cary Elwes. Jonas tiene una versión imitadora de Dorothy y un modo de vida más egocéntrico que interesado (para entender la diferencia, lean a Ayn Rand). Gracias a los patrocinios de las empresas, Jonas dispone del equipo más avanzado, pero su tecnología no está a la altura de la intuición de Bill y (alerta de spoiler) más tarde le costará la vida.
No hay duda de que Jonas carece de carácter moral por haber robado la idea de Jo y Bill, pero la demonización automática de los inversores privados o su afán de lucro parecen injustificados (en un momento de la película, Bill afirma que Jonas «está en esto por el dinero, no por la ciencia»). Muchos inventos e innovaciones han surgido no sólo de la pasión, sino también del afán de lucro. De hecho, muchos de nosotros buscamos oportunidades, salarios y experiencias de las que podamos sacar provecho.
El beneficio sirve para señalar lo que tiene valor en el mercado, y los empresarios inteligentes buscan oportunidades rentables, y (como demuestra el personaje de Elwes) cuanto mayor es la recompensa, mayor suele ser el riesgo.
No hay nada de malo en buscar fondos de quienes están dispuestos a arriesgarlos por ti con un único coste para ellos (a diferencia de las subvenciones públicas, que hacen recaer la carga sobre los contribuyentes). Y las empresas privadas tienden a ser no sólo más emprendedoras, sino también más ingeniosas y sostenibles (cuando Bill busca a Jo al principio de la película, el personaje de Hoffman dice: «Está por Doppler. Otra vez en quiebra, se está quedando sin dinero para subvenciones”).
El capital privado y la inversión empresarial pueden ser un poderoso mecanismo para ampliar las innovaciones, y por eso resulta descorazonador cuando, al final de la película (alerta de spoiler), después de que Dorothy remonte el vuelo con éxito, Jo estalla con «Tengo que conseguir la aprobación de subvenciones para un nuevo sistema de alerta…».
Para hacer de Twister un verdadero faro para los que tienen mentalidad emprendedora y una película que realmente alabe el potencial humano, me gustaría recomendar una reescritura de la escena final del guión.
Jo: Tengo que conseguir subvenciones para un nuevo sistema de alerta, necesitamos un laboratorio más grande, tienes que hacer un análisis de todos esos datos…
Bill: No, Jo. Esta vez vamos a hacerlo bien. Vamos a buscar fondos de inversores privados que crean en lo que hacemos y quieran arriesgarlo todo con nosotros. No nos vamos a molestar en proponer subvenciones ni en buscar rentas.
Jo: ¡Tienes razón! Cualquier inversor avispado querrá participar, ¡y por fin podré construir el tipo de laboratorio que quiero y probar nuevos equipos!
Bill: Las posibilidades son infinitas, Jo. No sólo vamos a construir un laboratorio más grande; ¡vamos a globalizarnos con centros repartidos por todo el mundo! Y atraeremos a los mejores talentos porque por fin podremos pagarles lo que se merecen.
Jo: ¡Estoy deseando subir el sueldo a nuestro personal actual! Y podremos contratar gestores y analistas para los laboratorios, de modo que todos podamos seguir sobre el terreno haciendo lo que nos gusta: perseguir tormentas.
Bill: Piensa en cuántas vidas salvaremos ampliando nuestro trabajo y concediendo licencias para nuestros inventos.
Jo: Ya lo veo… en lugar de coger dinero de los contribuyentes a través del gobierno, algún día el gobierno podría necesitar nuestra ayuda e inversiones de capital… como está haciendo ahora mismo con Elon Musk y los astronautas estadounidenses varados.
Bill: ¡Así es! SpaceX está al rescate. Y para nosotros, Dorothy será conocida en todo el mundo como una salvavidas.
Jo: Oh, Bill, el beneficio es algo hermoso.
{Jo y Bill se besan mientras suena la música de los créditos («Respect the Wind»), la cámara pasa a una vista aérea y empiezan los créditos. Luego se desvanece a las nubes en cámara rápida.}
Vale, sé que es un final cursi, pero es una película de los 90, así que podría funcionar. Y si te ha gustado esta crítica, echa un vistazo a mi artículo sobre Tommy Boy (otro clásico estrenado a mediados de los 90), y desconfía de cualquier película que sitúe a las grandes empresas como villanas en lugar de como creadoras de valor.