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sábado, marzo 28, 2020

Un monopolio gubernamental desarrolló kits defectuosos para la prueba del COVID-19, pero los laboratorios privados salieron al auxilio

Un principio de la economía es que la competencia mejora los resultados.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado al coronavirus como una pandemia mundial. 

El virus, de rápida propagación, cobró 196 vidas en Italia, sólo el martes.

En este momento, el 90% de todos los casos están en cuatro países: China, Italia, Irán y Corea del Sur. A finales de esta semana, la OMS declaró que Europa ha superado a China como nuevo epicentro de COVID-19 (aunque esto puede tener más que ver con los diferentes niveles de apertura y honestidad en los informes de las dos regiones que con las cifras reales). Incluso el Vaticano reportó su primer caso el jueves pasado.

Ningún lugar es inmune, incluyendo a los Estados Unidos. Las escuelas han sido cerradas en al menos 30 estados y en el Distrito de Columbia desde el lunes. Esperen que ese número aumente.

Mientras el virus se extiende por todo el mundo, la prevención y la detección temprana son la clave para limitar su alcance. Mientras que la prohibición de viajar limitó la exposición de EE.UU. a la fuente de la infección, una cantidad inmanejables de regulaciones gubernamentales hicieron innecesariamente el proceso de detección más lento por semanas.

Las regulaciones federales prohibieron a cualquier laboratorio, fuera del gobierno federal, desarrollar una prueba para diagnosticar el coronavirus. Cuando el CDC envió su prueba el 5 de febrero, pronto se enteró de que muchas de ellas estaban defectuosas. Los kits produjeron falsos positivos.

La Revisión de Tecnología del MIT explica:

Según Duane Newton, director de microbiología clínica de la Universidad de Michigan, la mayor limitación en el diagnóstico no es la tecnología, sino el proceso de aprobación regulatoria de nuevas pruebas y plataformas. Si bien este proceso es crítico para garantizar la seguridad y la eficacia, los retrasos necesarios a menudo “obstaculizan la voluntad y la capacidad de los fabricantes y laboratorios para invertir recursos en el desarrollo y la aplicación de nuevas pruebas”, explica.

Un ejemplo de ello es el siguiente: Las normas de la FDA impidieron inicialmente que los laboratorios estatales y comerciales desarrollaran sus propias pruebas de diagnóstico de coronavirus, incluso si podían desarrollar por sí mismos los cebadores de PCR [reacción en cadena de la polimerasa] del coronavirus. Así que cuando la única prueba disponible de repente resultó ser una tontería, nadie podía decir realmente que los primeros esfuerzos sirvieron de algo. 

El gobierno revirtió su curso el 29 de febrero y permitió que los laboratorios privados comenzaran a desarrollar sus propias pruebas. Los resultados han sido espectaculares.

Las viejas pruebas tardaron de dos a siete días en ser procesadas. El paciente se quedó en el limbo mientras tanto. En cuestión de días después de que el gobierno levantara su restricción, la Clínica Cleveland desarrolló una prueba que entregó resultados en ocho horas.

El cambio se debe directamente a que “el gobierno federal está respondiendo a la necesidad de cambiar esas regulaciones”, dijo la Dra. Deborah Birx, la coordinadora de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, en una rueda de prensa el martes. El recién instituido “increíble sistema de excepciones” ha aumentado la competencia al “traer al sistema a compañías súper grandes y de alto rendimiento”.

El vicepresidente Mike Pence añadió que “expertos externos… dijeron que cuando el presidente trajo los laboratorios comerciales, hizo exactamente lo correcto, porque son esas grandes compañías las que tienen infraestructura logística en todo el país… las que pueden distribuir las pruebas [y] procesarlas”.

Un monopolio artificial de pruebas fue creado por el gobierno federal lo que produjo un kit defectuoso y retrasó el progreso en la detección y la lucha contra el coronavirus. El socialismo es un monopolio gubernamental instituido, no sólo sobre la medicina, sino en toda la vida económica. Los resultados son ineficiencia, una palabra que suena estéril hasta que resulta en pérdida de vidas para los estadounidenses.

“La gran fortaleza que siempre han tenido los EE.UU., no sólo en virología, es que siempre hemos tenido una gran variedad de personas y grupos trabajando en cualquiera sea el problema que se nos presente”, dijo Keith Jerome, el jefe de virología de la Universidad de Washington, a la MIT Technology Review. “Cuando decidimos que todas las pruebas de coronavirus debían ser hechas por una sola entidad, incluso una tan sobresaliente como el CDC, básicamente regalamos nuestra mayor fortaleza”.

La premisa básica de economía de que la competencia mejora los resultados está en el corazón de todo esfuerzo humano. La enormidad del coronavirus nos ha acercado a esta verdad de manera sombría e inolvidable. No debería perderse nunca más esta lección, especialmente en aquellos de nosotros que imitamos al Gran Médico en el anhelo de servir y salvar a los más débiles, nuestros hermanos y hermanas.


  • Rev. Ben Johnson is a senior editor at the Acton Institute. His work focuses on the principles necessary to create a free and virtuous society in the transatlantic sphere (the U.S., Canada, and Europe).