La felicidad y la esperanza en sus niveles más bajos, según un estudio de la Universidad de Chicago

Por primera vez en medio siglo, más norteamericanos dijeron que eran más infelices que felices.

Como informa The Independent:

La felicidad entre los estadounidenses ha caído al nivel más bajo en casi cinco décadas durante la pandemia de coronavirus, según una nueva encuesta.

El Estudio de Seguimiento a la Respuesta del COVID-19, realizado por el Centro Nacional de Investigación de la Opinión (NORC, por sus siglas en inglés), encontró que la moral estaba en el punto más bajo desde que comenzó el seguimiento a las curvas de salud emocional en 1972. (...)

Por primera vez en 48 años, más personas dijeron que eran infelices que los que dijeron ser felices.

El NORC está en la Universidad de Chicago. La encuesta tuvo lugar a finales de mayo, mientras gran parte del país estaba encerrado.

Como indicaba el estudio:

Con muchas pautas de distanciamiento social, cerca del doble de norteamericanos reportan sentirse aislados al menos algunas veces comparado con hace dos años (50% vs. 23%).

Otro factor parece ser las escasas perspectivas para sus hijos:

El 42% de los estadounidenses cree que el nivel de vida de sus hijos cuando sean mayores será mejor que su propio nivel de vida, un fuerte descenso del 57% en 2018 y el nivel más bajo de optimismo para la próxima generación desde que se midió por primera vez en 1994.

Algunos de los hallazgos son sorprendentes, por ejemplo:

(...) un mínimo histórico de personas que dicen ser muy felices (14%) combinado con un máximo histórico de personas que dicen estar satisfechas con la situación financiera de su familia (80%).

El estudio interpreta esto de la siguiente manera:

Estos resultados contrastantes sugieren que las personas están comparando su felicidad con su propio bienestar psicológico antes de la pandemia mientras evalúan sus finanzas en relación con los millones de compatriotas estadounidenses que han perdido sus trabajos, salarios o inversiones después del brote.

Es justo. Por ejemplo, aquellos que pueden trabajar desde casa pueden sentirse solos y deprimidos y, sin embargo, agradecidos por sus continuos ingresos. Pero, ¿cómo se combina la alta satisfacción financiera con el bajo optimismo por las perspectivas de los hijos?

Tal vez sea una sensación entre los que todavía están empleados que pueden estar financieramente bien por ahora, pero las dificultades de la recesión económica finalmente vendrán a llamar a la puerta de su familia.

Esto es triste pero también cierto. Los cierres han diezmado las pequeñas empresas y muchas categorías de trabajadores norteamericanos. Pensar que la destrucción económica se mantendrá contenida en esos sectores, y quienes trabajan desde sus casas no se verán afectados financieramente, sería una ilusión a nivel del perro del popular meme que dice "Todo  está bien" y continúa tomándose su café mientras las llamas del incendio de una casa se acercan cada vez más.

La economía está altamente interconectada y es interdependiente. El gobierno no puede simplemente "pausar" una gran parte de ella sin que un descenso masivo llegue a la mayor parte del resto.

Ninguna cantidad de dinero que imprima la Reserva Federal cambiará eso, excepto para empeorarlo. Ninguna cantidad de rescates de Wall Street o de "alivio" federal a los particulares cambiará eso, excepto para empeorarlo.

En última instancia, nuestro nivel de vida depende de la producción a través del trabajo y la inversión. La impresión de dinero, los rescates y el alivio no crean riqueza. Sólo destruyen la riqueza en el proceso de transferencia de persona a persona.

Si muchos de nuestros trabajadores y gran parte de nuestro capital se ven obligados a permanecer inactivos, hay menos producción y, por tanto, menos bienes y servicios para repartir. Tarde o temprano, esto empobrece a todos, excepto a la élite, que se las arregla para permanecer siempre en el extremo receptor de la redistribución.

Así que los padres norteamericanos tienen razón en preocuparse. Los cierres están rápidamente saqueando el futuro de sus hijos. Sin embargo, la mayoría de los norteamericanos confían tanto en el gobierno, que ni siquiera se plantean la siguiente pregunta natural: ¿merece la pena? Esto conlleva a una abdicación de su responsabilidad como padres.

Ya es hora de que los estadounidenses dejen la impotencia y la confianza ciega y adopten un nivel más alto de acción y responsabilidad individual. Tal auto-empoderamiento llevará a una mayor felicidad y esperanza, especialmente si salva el futuro de sus hijos.