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sábado, junio 20, 2026 Read in English
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Créditos de imagen: Kostiantyn Li, Unsplash

Grados de seriedad sobre la deuda nacional


La respuesta es más libertad.

Recientemente alcanzamos un hito poco honorable cuando la deuda nacional superó los 39 billones de dólares. Naturalmente, los ciudadanos comunes han opinado sobre quién tiene la culpa, de qué se trata, qué se puede hacer y si esto importa.

La discusión generalmente sucede de una o más de las siguientes formas.

Si eres nuevo en la conversación, podrías pensar que simplemente podemos recortar el gasto en defensa o eliminar el “desperdicio, fraude y abuso”. Considerando cuántas bases militares tenemos alrededor del mundo, ese es un ángulo legítimo.

Asimismo, cuando tomas en cuenta las numerosas auditorías fallidas del Pentágono y los artículos domésticos comunes que alcanzan miles de dólares, podrías matar dos pájaros de un solo tiro.

Sin embargo, aquí apenas estamos rascando la superficie.

Si eres un poco más serio, además de eso, harías bien en señalar el gasto discrecional. Esos son fondos que el Congreso aprueba anualmente, como subsidios agrícolas, gasto en educación y vivienda, etc. El presupuesto de defensa de casi un billón de dólares es parte de ello.

No obstante, en conjunto, ese gasto representa apenas una cuarta parte del presupuesto general.

Si eres aun más serio, podrías incluir todo lo anterior, más los programas en piloto automático: el Seguro Social, Medicare y Medicaid. Son los tres rubros más grandes del presupuesto federal y consumen más de la mitad.

El pago de intereses de la deuda, otro gasto en piloto automático, recientemente superó a defensa como el cuarto rubro más grande, pero no puede abordarse directamente. Solo al atender todo lo demás se logrará reducirlo en el proceso.

La salud financiera del Seguro Social ha sentido la presión de un número cada vez mayor de beneficiarios y una tasa de natalidad en declive.

Según algunas estimaciones, lo que hay en el Fondo Fiduciario del Seguro Social será insuficiente para pagar los beneficios dentro de la próxima década.

En cuanto al seguro de salud, su propia estructura está limitada por su naturaleza de pago a través de terceros. Cuando los consumidores no conocen el precio real del servicio que reciben, son menos prudentes en su gasto.

La mayoría de los estadounidenses eligen un plan de seguro con deducible bajo donde, después de una o dos visitas al médico, todo lo que pagan es un copago de 20 o 50 dólares. Pocos tienen idea de cuál es el menú completo de precios de los servicios médicos.

En ese punto, se recurrirá a los ingresos fiscales generales, es decir, lo que sale de tu retención de impuestos federales, para cubrir la diferencia.

Una de las empresas menos eficientes es el gobierno, y que este sea el origen de Medicaid y Medicare agrava el problema.

De cualquier forma, sabes que te has topado con alguien muy serio sobre la deuda y los déficits cuando habla de atacarla desde su raíz: la capacidad del gobierno para pagarla.

Los inversionistas (recuerda revisar tu 401k) seguirán comprando bonos del Tesoro de Estados Unidos si creen que el Tío Sam seguirá teniendo la capacidad de pagar los intereses. Esa capacidad descansa en el poder fiscal que ejerce sobre los ciudadanos productivos.

Entonces, ¿por qué no reducir las tasas de impuestos y disminuir esa capacidad?

La historia ha demostrado que cuando se reducen y/o se simplifica el código, los flujos de ingresos hacia el Tesoro en realidad aumentan. Esto se debe en parte a que los contribuyentes cambian la forma en que declaran, pero también puede atribuirse a la señal que reciben del gobierno: “Tomaremos menos de ti, y no tendrás que dedicar tanto tiempo a declarar”.

Aunque algunos convertirían ese tiempo en más ocio, eso muy bien podría implicar más gasto. Lo que impulsaría el crecimiento económico aún más sería que parte de ese gasto fuera destinado a inversión.

Sin embargo, más crecimiento genera más ingresos, lo que brinda a los compradores de deuda estadounidense aún más confianza para seguir prestando a políticos confiablemente derrochadores. ¿Y entonces qué?

Pero, si eres realmente serio, ve más allá: si somos serios respecto a reducir la deuda nacional, la capacidad del gobierno federal de incurrir en más deuda debe limitarse seriamente.

De la misma manera en que el “desperdicio, fraude y abuso” nunca desaparecerá realmente hasta que el gasto se reduzca a gran escala, el gasto mismo nunca desaparecerá realmente mientras existan ingresos fiscales y endeudamiento para financiarlo.

Si este es o no el mayor problema que enfrentamos es algo debatible. Como educador de finanzas personales que practica lo que predica, pienso que estos abrumantes niveles de deuda son escandalosamente indignantes.

Lo positivo es que la solución más orgánica y efectiva coincide precisamente con un mayor nivel de libertad y la consiguiente prosperidad para los ciudadanos.