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lunes, diciembre 14, 2020
Bill de Blasio

Goldman Sachs considera Florida, mientras continúa el éxodo financiero de Nueva York


La clase política de Nueva York ha mostrado un desdén por el capitalismo y la propiedad privada. Afortunadamente, las empresas y los individuos tienen otras opciones.

En agosto, con su estado inmerso en un agujero presupuestario de 13 mil millones de dólares y los residentes huyendo en masa, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, emitió una petición para que los neoyorquinos regresen a la Gran Manzana.

“Ellos están en sus casas en Hamptons, o en el Valle de Hudson o Connecticut”, dijo Cuomo en una rueda de prensa. “Hablo con ellos literalmente todos los días. Les digo: ¿Cuándo van a regresar? Los invito a un trago. Yo les cocino”.

La generosa oferta de Cuomo de comprar cócteles y cocinar no parece resolver los problemas económicos de Nueva York.

A principios de diciembre se supo que la multinacional de servicios financieros Goldman Sachs, una de las mayores empresas de EE.UU., está considerando un plan para trasladar su sede al sur.

“Goldman Sachs Group Inc. está sopesando planes para un nuevo centro en Florida, para albergar una de sus divisiones claves, en otro posible golpe a la posición de Nueva York como el hogar de facto de la industria financiera de EE.UU.”, informó Bloomberg. “Los ejecutivos han estado explorando las ubicaciones de las oficinas en el sur de Florida, hablando con los funcionarios locales y explorando las ventajas fiscales a medida que consideran la creación de una base allí para su brazo de gestión de activos, según personas con conocimiento del tema”.

Según The Street, la zona de Fort Lauderdale y el condado de Palm Beach son los destinos más probables, aunque Goldman también está considerando Dallas como una alternativa posible.

La noticia llega después de que otras empresas de finanzas –Elliott Management, Blackstone y Citadel– hayan aumentado su presencia en Florida. El estado del Sol está atrayendo a las empresas por sus bajos costos, su clima cálido y su clima fiscal favorable. (Florida no tiene impuesto sobre la renta).

El anuncio de Goldman Sachs no le podría llegar en peor momento a la ciudad de Nueva York, la cual actualmente “tiene la mayor cantidad de espacio de oficina disponible desde las secuelas del ataque del 11 de septiembre”, según *Bloomberg.

Goldman Sachs tiene un valor de mercado estimado de 71.000 millones de dólares y emplea a más de 38.000 personas en todo el mundo. Por lo tanto, su partida erosionaría aún más la posición de la ciudad de Nueva York como capital financiera del mundo, incluso mientras el estado lucha con los desafíos más amplios de la pandemia COVID-19 y el daño económico causado por los cierres.

El clima para hacer negocios importa

Algunos pueden señalar al coronavirus como el culpable del éxodo pendiente de Goldman Sachs. Un informe de la CNBC de noviembre mostró que unos 300.000 neoyorquinos han abandonado la Gran Manzana desde que comenzaron los cierres, a pesar de una mayor disminución de los precios de alquiler en casi una década.

Si bien es cierto que la ciudad de Nueva York, que ha tenido uno de los cierres más estrictos de América, que ha visto algunos de sus atractivos neutralizados por el COVID-19 – su reputación culinaria de primera categoría, entretenimiento, moda y relaciones sociales – un análisis más cercano muestra que el éxodo es anterior a la pandemia.

Como Hannah Cox señaló el mes pasado en FEE.org, cerca de un millón de personas se despidieron de la ciudad de Nueva York y del área tri-estatal en la última década. De manera similar, otras compañías financieras, como AllianceBernstein Holding LP, huyeron de Nueva York mucho antes de que llegaran los cierres y el distanciamiento social.

La realidad es que el coronavirus exacerbó la situación económica de Nueva York, pero no es esa la raíz del asunto. El problema fundamental de la ciudad es su abierta hostilidad hacia los mercados y la libertad.

Desde políticas como el pre-Kinder universal y los permisos por enfermedad obligatorios pagados, hasta el salario mínimo de 15 dólares de la ciudad, los alquileres controlados y el clima fiscal opresivo, la clase política de Nueva York ha mostrado un desdén por el capitalismo, la propiedad privada y los asuntos empresariales y una afinidad preocupante por la planificación central.

No tienes por qué creerme. Escuchen al alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, quien declaró esto al New York Magazine en el 2017.

“Lo que ha sido más difícil es la forma en que nuestro sistema legal está estructurado para favorecer la propiedad privada. Creo que a la gente de toda la ciudad, de todos los orígenes, le gustaría que el gobierno de la ciudad pudiera determinar qué edificio va a dónde, cuál será su altura, quién va a vivir en él y cuál será el alquiler.

Creo que hay un impulso socialista, lo escucho todos los días, en todas las comunidades, que les gustaría que las cosas se planifiquen de acuerdo a sus necesidades. Y a mí también me gustaría.

Desafortunadamente, lo que se interpone en el camino son cientos de años de historia que han elevado los derechos de propiedad y la riqueza hasta el punto de que esa es la realidad que llama la atención…

Mira, si por mi fuera, el gobierno de la ciudad determinaría cada parcela de tierra y cómo procedería el desarrollo. Y habrían requisitos muy estrictos en cuanto a los niveles de ingresos y rentas. Ese es el mundo que me encantaría ver…”.

¿Vistes eso? El alcalde de la capital financiera mundial cree que el principal obstáculo para la prosperidad es la propiedad privada. Piensa que los funcionarios de la ciudad deberían determinar dónde van los edificios y “quiénes viven en ellos”.

Como un observador señaló en su momento, de Blasio no es el primer líder político que tiene sed de ese poder.

“Otros líderes han tenido tal poder, en la Unión Soviética, China y Venezuela, y esos sistemas no produjeron progreso. Ni siquiera papel higiénico”, observó irónicamente David Boaz en el USA Today.

Desafortunadamente, ni Cuomo ni de Blasio parecen estar al tanto de esta historia. Antes y a lo largo de la pandemia de COVID-19, el dúo ha abrazado la mano dura de un gobierno poderoso, en lugar de mercados libres. El clima opresivo de Nueva York ha dado lugar a una serie de malos frutos: violencia (los tiroteos aumentaron un 112% en noviembre), injusticia, depresión económica, desempleo y desesperación general.

Votar con los pies

Considerando el actual estado problemático de Nueva York y la abierta hostilidad de De Blasio hacia la propiedad privada, uno tiene que preguntarse por qué compañías de servicios financieros o bancos siguen haciendo negocios en la Gran Manzana.

Afortunadamente, el sistema norteamericano de federalismo significa que ni los individuos ni las empresas tienen que soportarlo. Los neoyorquinos que se sienten atrapados pueden fácilmente mudarse a Carolina del Sur o Utah, donde pueden tener una vida social y ganarse la vida. Y las compañías financieras pueden irse a Fort Lauderdale, Nashville, Dallas, Las Vegas o a cualquier otro lugar que les guste.

¿Deberían los individuos o las compañías sentirse culpables al irse? Por el contrario.

Como el erudito legal Ilya Somin observó, “votar con los pies” es una de las mejores maneras de ayudar a una comunidad en dificultades e históricamente ha sido una herramienta clave para la movilidad ascendente en los Estados Unidos.

“Aquellos que han sido lo suficientemente afortunados para lograr el éxito gracias a la movilidad no deberían sentirse culpables por ello”, escribió Somin en el Washington Post. “Podemos ayudar mejor a la sociedad siendo ciudadanos productivos y – donde sea posible – trabajando para asegurarnos que las oportunidades producto del voto de pies, que nos beneficiaron, estén  disponibles para los demás”.

Como alguien que se ha beneficiado personalmente de esta movilidad ( yo me mudé mucho cuando tenía 20 años) apoyo de todo corazón este mensaje. Es una de las glorias menos apreciadas del sistema norteamericano. Pero no es necesario haber experimentado los beneficios de la movilidad para entender a qué se refiere Somin: tanto los individuos como las empresas deben asegurarse de que sus talentos y recursos se utilicen de la mejor manera posible.

Lamentablemente, Nueva York ya no es ese lugar para muchos.

La partida de Goldman Sachs señalaría que los días de Nueva York como capital financiera del mundo han terminado.  En cierto modo, la única sorpresa es que haya llevado tanto tiempo.


  • Jonathan Miltimore es Estratega Creativo Senior de FEE.org en la Fundación para la Educación Económica.