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viernes, diciembre 19, 2025 Read in English
Crédito de la imagen: FEE

El espectro de Al Capone ronda Polonia


Las restricciones al alcohol solo sirven a intereses creados.

Para muchos observadores estadounidenses, Polonia puede parecer un ejemplo de transformación política exitosa: un país que se liberó del yugo comunista en 1989, transitó hacia una economía de mercado y que este año se ubicó como la vigésima economía más grande del mundo. Sin embargo, más de 30 años después de la caída del Telón de Acero, los demonios de la tiranía estatal vuelven a despertar a orillas del río Vístula. Esta vez, la amenaza a la libertad no viene de Moscú, sino de los ayuntamientos locales. En algunas ciudades se están imponiendo prohibiciones a la venta nocturna de alcohol en tiendas. Bajo el pretexto de la salud, se introducen regulaciones que en realidad restringen la libertad del consumidor y perjudican a los pequeños negocios.

En Estados Unidos, la historia de la Prohibición de los años veinte es ampliamente conocida como una dura lección de que las buenas intenciones suelen producir el efecto contrario. Los estadounidenses recuerdan bien que la aprobación de la Enmienda 18 a la Constitución no dejó a la gente de beber; por el contrario, empujó el comercio de alcohol a la clandestinidad. Mientras que los licores de alta calidad se contrabandeaban desde el Caribe, Europa o Canadá para quienes podían pagarlos, muchos estadounidenses recurrieron a consumir alcohol peligroso y de baja calidad, destilado ilegalmente dentro del país. A diferencia de los productos importados, este “moonshine” local solía estar contaminado o producirse con alcohol industrial, lo que provocó miles de muertes por envenenamiento.

La distribución quedó en manos de grupos criminales, lo que catapultó a figuras como Al Capone. Tras 13 años, tanto la ciudadanía como las autoridades se hartaron de la prohibición. Aunque el consumo de alcohol cayó de forma significativa en los primeros años, con el tiempo repuntó conforme maduró el mercado negro, mientras la delincuencia se disparó. Los mafiosos sustituyeron a las pandillas comunes y el crimen organizado floreció. Para combatir a la mafia desbordada, se creó una nueva agencia gubernamental: el Buró Federal de Investigaciones, conocido como el FBI. En consecuencia, la Enmienda 21 a la Constitución derogó la prohibición de la venta de alcohol.

La realidad del mercado resultó más poderosa que la voluntad burocrática, y la prohibición se convirtió en símbolo de la ineptitud de la intervención estatal. Sin embargo, parece que algunos políticos locales en Polonia se quedaron dormidos en esas clases de historia. En muchas ciudades polacas, como Cracovia, Poznań, Gdańsk y recientemente Varsovia, se está introduciendo una prohibición nocturna de la venta de alcohol entre las 10 u 11 de la noche y las 6 de la mañana. La medida aplica a tiendas con licencia abiertas por la noche, no a bares, antros y restaurantes. Cabe señalar que la venta nocturna de alcohol ya requiere un permiso específico y cumplir criterios de seguridad.

David contra Goliat a la sombra de la burocracia

A primera vista, la prohibición puede parecer una medida regulatoria típica para mejorar la seguridad y el orden en la ciudad, prevenir disturbios nocturnos o prohibir el consumo de alcohol en ciertas zonas. Pero el diablo está en los detalles. ¿A quién afecta realmente esta regulación?

En Polonia, el mercado del alcohol se divide en dos segmentos bien distintos. Por un lado, están los grandes supermercados internacionales y las cadenas de descuento, que normalmente cierran a las 10 u 11 de la noche. Por el otro, existen miles de tienditas de barrio, a menudo negocios familiares, cuyo único diferencial frente a los gigantes es su ubicación y su horario nocturno. Los clientes que planean consumir alcohol suelen comprarlo de día para no pagar de más en una tienda nocturna. Acuden a una tienda de noche cuando se les acaba el alcohol en una fiesta o cuando surge una ocasión inesperada para beber, como una visita improvisada de un amigo. Cualquiera que conozca la vida sabe que, en ambas situaciones, es difícil impedir que el cliente compre. Por lo tanto, la demanda de servicios de las tiendas nocturnas no desaparecerá con su cierre. La pregunta es: ¿dónde se va a satisfacer?

Es posible que aumente la clientela de bares y restaurantes, ya que la prohibición planeada no los incluye. También es probable que los consumidores se desplacen a la “zona gris”. En Polonia, como en el resto del mundo, el mercado de entregas a domicilio está en auge. Gigantes como Uber, Bolt y Glovo ofrecen envíos de productos, incluido alcohol, prácticamente las 24 horas. Un cliente decidido, rechazado por las puertas cerradas de la tienda del barrio, puede sacar su celular y pedir alcohol con entrega a domicilio. Así, regulaciones supuestamente orientadas a la salud se convierten en un regalo para plataformas internacionales de reparto. Los únicos perjudicados son los pequeños negocios y los consumidores, que pagarán más para cubrir el costo del envío. Además, es mucho más difícil controlar una red de ventas dispersa y móvil que una tienda fija. Si los excesos que sin duda ocurren cerca de las tiendas nocturnas se trasladan a parques y callejones oscuros, no hay ningún beneficio para la seguridad pública. Y ya existen medidas para enfrentar los riesgos y el desorden asociados a la venta de alcohol.

Según la ley polaca, un municipio puede revocar la licencia para vender alcohol si en un plazo de seis meses se registran al menos dos infracciones en el punto de venta, como alteración del orden nocturno, vandalismo o venta a menores. Resulta aún más sorprendente que, en lugar de sancionar lugares específicos donde realmente hay problemas, las autoridades prefieran aplicar responsabilidad colectiva. Esto es todavía más absurdo si se considera que los incidentes más notorios suelen ocurrir en los centros urbanos, llenos de turistas y vida nocturna. En zonas residenciales y en la periferia, los problemas prácticamente no existen. Ahí, la tienda local genera poco ruido y sirve principalmente a vecinos que quieren abastecerse para una reunión en casa.

Juego de tronos… y de permisos

Para entender quién se beneficia de la prohibición nocturna, hay que revisar los detalles de la ley polaca. En cada municipio, el número de establecimientos autorizados para vender alcohol está estrictamente limitado por acuerdos del cabildo. Esto significa que, si el tope se agota, para que alguien obtenga una licencia, otra tienda debe liberar su lugar.

Tomemos Varsovia como ejemplo. De acuerdo con una resolución oficial del consejo de la ciudad, el número máximo de permisos para la venta minorista de alcohol está fijado en 8,560. Los concejales subrayan que ese límite ya está prácticamente agotado.

En la capital hay 397 tienditas de barrio que abren por la noche. El colapso de estos pequeños comercios liberará casi 400 licencias, que probablemente serán acaparadas de inmediato por franquiciatarios de grandes cadenas. Cada cadena busca aumentar la densidad de sus puntos de venta diurnos. Así, bajo el discurso de la lucha por la sobriedad, las corporaciones se adueñan del mercado que hoy ocupan los pequeños negocios.

El regreso de la zona gris

La prohibición es la vía más rápida para que delincuentes menores asciendan al rango de mafia. Antes de 1920, el papel de Al Capone en el hampa se limitaba al de guardaespaldas en bares y burdeles de segunda, donde cobraba “derecho de piso” a deudores menores por migajas. Tras instaurarse la Prohibición, comenzó la producción ilegal de alcohol en sótanos y bodegas clandestinas. Las ganancias del contrabando fueron tan astronómicas que permitieron a las pandillas de Chicago transformarse en sindicatos criminales poderosos, capaces de corromper jueces, policías y políticos. La distribución ilegal elevó a este matón común a una riqueza tal que su fortuna se estimó en 100 millones de dólares.

La experiencia estadounidense durante la Prohibición enseña que, si cerramos las tiendas legales, el mercado no desaparece; simplemente se va a la clandestinidad. Las señales de este fenómeno ya se observan en Polonia. En ciudades que experimentaron con la prohibición, como Kartuzy y Biała Podlaska, la idea se abandonó rápidamente. Los problemas no desaparecieron; solo se trasladaron a otros lugares: antros ilegales, departamentos privados o municipios vecinos.

La espiral de los absurdos

Los defensores de las prohibiciones argumentan que los polacos beben demasiado y necesitan ser detenidos, pero los datos contradicen ese relato. El consumo de alcohol en Polonia ha disminuido de manera constante durante cinco años. Introducir prohibiciones drásticas cuando el mercado ya se está autorregulando a la baja y cuando la tendencia hacia un estilo de vida saludable (la llamada tendencia “NoLo”, sin alcohol o con bajo alcohol) gana popularidad no solo parece innecesario, sino francamente absurdo.

Crear leyes que castigan a emprendedores honestos y recompensan a criminales y grandes corporaciones contradice la idea de libre mercado que Polonia ha seguido durante décadas. La prohibición nocturna no es solo una cuestión de si puedes comprar una cerveza a medianoche; también es una cuestión de si podrás comprarla en absoluto. Esto sienta un precedente peligroso en el que las pulsiones intervencionistas del Estado se imponen al sentido común y al respeto por el libre comercio.


  • Andrzej Strojny es graduado en Derecho por la Universidad Cardinal Stefan Wyszyński de Varsovia, con una trayectoria educativa y profesional diversa. Además de sus estudios jurídicos, obtuvo un diploma como técnico en geodesia en una Escuela Técnica de Topografía, Geología e Ingeniería Vial. Activista comunitario comprometido, ha estado vinculado a la Fundación Orszak III Króli y se desempeñó como miembro del consejo estudiantil de la UKSW.

    Su experiencia profesional abarca la industria de la gestión de eventos, y fue reconocido como ganador de la 11.ª edición del concurso “Líderes Fiscales” por su proyecto “Nuevos métodos para reducir la brecha fiscal”. Asimismo, realizó una pasantía en el Ministerio de Finanzas, donde adquirió experiencia práctica en derecho financiero al colaborar con expertos de amplia trayectoria. En su tiempo libre, combina su pasión por el deporte con su labor como instructor de natación.