Dictadores que alaban al Bitcoin merece su desprecio, no su elogio

Bitcoin fue creado como parte del gran sueño del dinero sólido y la libertad individual, no como una herramienta para darle poder a los tiranos.

El 19 de junio, los colombianos eligieron al ex guerrillero socialista, Gustavo Petro, como presidente de la nación. Este marxista, profundo creyente de la intervención del Estado en la economía y en la redistribución de la riqueza, tuiteó en 2017: "El Bitcoin le quita el poder de emisión a los Estados y el señoreaje de la moneda a los bancos. Es una moneda comunitaria que se apoya en la confianza de quienes transan con ella, al estar basada en el blockchain, la confianza se mide y crece, de ahí deriva su fuerza".

Esto fue suficiente para que la prestigiosa publicación de criptomonedas Bitcoin Magazine publicará un post anunciando que él recién elegido presidente de Colombia apoyaba al bitcoin.

La dictadura de Vladimir Putin, que tiene una de las economías más reguladas, también ha avanzado en sus intentos de adoptar el bitcoin dentro de su sistema monetario. Sin embargo, lo ha hecho para tratar de evadir las sanciones occidentales por la invasión de Putin a Ucrania, y para tener reservas de un activo inconmensurable que les permita seguir financiando su régimen opresivo. El movimiento ha sido indirectamente celebrado con entusiasmo por la comunidad bitcoin, ya que la legislación rusa permite su adopción para un mayor número de personas, independientemente de las causas.

El dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, también ha intentado utilizar las criptodivisas para financiar sus planes. Sin embargo, intentó inútilmente crear una criptodivisa llamada "Petro", que sería controlada por el propio régimen venezolano y estaría anclada al precio del petróleo.

En El Salvador, el presidente Nayib Bukele convirtió el bitcoin en moneda legal. Este paso, en mi opinión, es importante y necesario. Sin embargo, la legislación se extralimitó al obligar a los ciudadanos a aceptar la criptomoneda como forma de pago, y el Estado creó una billetera digital que ha recibido más críticas que elogios por parte de los usuarios.

Precisamente, la idea del bitcoin es constituir una moneda que pueda ser intercambiada libremente por las partes, sin ningún tipo de coacción por parte del gobierno; el hecho de que el Estado legisle la obligatoriedad de su uso rompe con los principios ideológicos y de funcionamiento de la propia moneda digital.

Aplaudir a los dictadores por los elogios al Bitcoin es un error

La industria de las criptodivisas es un mundo en crecimiento: partió del sueño de Satoshi Nakamoto. Sin embargo, se ha ramificado en innumerables proyectos de cripto activos, con diferentes objetivos, propósitos y, por supuesto, legitimidad.

Aunque es extremadamente difícil determinar qué proyectos de la criptografía son una estafa y cuáles no, hay uno que definitivamente no lo es: se llama bitcoin.

Bitcoin fue creado a partir del sueño de un amante de la libertad que se dio cuenta de que las monedas -la economía- en manos del Estado, estaban perjudicando enormemente a las sociedades, generando pobreza, corrupción y enriquecimiento ilícito por parte de las élites que abusaban de su poder para manipular la economía. Por eso el bitcoin es tan importante: porque no puede ser manipulado a conveniencia de un organismo central. Su valor crece o disminuye según las fluctuaciones del mercado, y no está sujeto a la censura; ningún gobierno puede cerrar tu cartera digital o expropiar tus bitcoins (si están bien almacenados).

Sin embargo, algunos dictadores latinoamericanos y del mundo oriental -enemigos de las economías abiertas y las libertades individuales- han encontrado en las criptomonedas un aliado para burlar las sanciones internacionales y financiar sus crímenes. Sin embargo, esto no es algo que deba ser celebrado por la comunidad bitcoin.

Si hemos aprendido algo de la historia, es que el dinero -de cualquier tipo- se utilizará tanto para las causas más beneficiosas como para las más aterradoras. El dinero, como las armas, las medicinas o cualquier otro elemento, es sólo una herramienta, que puede ser utilizada por la especie humana para bien o para mal.

El sueño del bitcoin es todavía joven y está en fase de maduración. En los próximos años, lo más probable es que el mercado haga su magia y los proyectos alternativos fraudulentos desaparezcan poco a poco. El bitcoin sobrevivirá, y es probable que también florezcan otros con fundamentos sólidos que realmente le brinden a la humanidad una serie de usos y beneficios.

La comunidad que apoya a las criptodivisas debe seguir creciendo, incluso en estos tiempos de mercados en la baja, pues es en estos momentos cuando desaparecen los proyectos inútiles y sobreviven los que aportan más valor.

Seguramente bitcoin superará esta crisis de liquidez una vez más, como lo ha hecho tantas veces en el pasado. No obstante, la comunidad bitcoin debería dejar de idolatrar a los dictadores y enemigos del libre mercado, sólo porque le dedican un par de palabras bonitas al proyecto.

Elogiar al enemigo no le hará ningún favor a bitcoin; al contrario, alejará a más y más personas que pensarán que la criptodivisa sólo se utiliza para causas ilegítimas.