Nuestras vidas han mejorado gracias al capitalismo y a las capacidades de superación.
Todos aspiramos a algún tipo de logro, y solemos aplaudirlo cuando se obtiene por primera vez. Recientemente, la nueva loba de Wall Street (Whitney Wolfe Herd) ha sido anunciada en los medios de comunicación como la CEO que está haciendo historia y una persona a la que hay que admirar. Pero los empresarios deben tener cuidado: si lo hacen demasiado bien durante mucho tiempo, es probable que la percepción de su riqueza cambie, ya que nuestra cultura tiende a situar a los creadores de riqueza como codiciosos.
Sin embargo, es nuestra codicia, y no la de los empresarios, la que les premia con la riqueza. Entregamos voluntariamente nuestros dólares para comprar Teslas, iPhones y recibir entregas Prime que satisfagan todo tipo de necesidades y deseos. Siendo así, deberíamos agradecerle a las empresas las opciones que nos han proporcionado y no provocarles a quienes producen cargo de conciencia por los intercambios voluntarios que nos han permitido.
Así que aquí hay algunas razones contradictorias por las que rechazamos a aquellos que se han beneficiado más de su éxito, y por qué deberíamos cambiar esta narrativa negativa.
1. Nos caen bien los desfavorecidos, no a los que les va de maravilla
A menudo celebramos y elogiamos los negocios locales con eslóganes de tiendas pequeñas, pero si esa pequeña tienda se convierte en una franquicia o atrae a grandes inversionistas, nuestra percepción parece cambiar (pensemos, por ejemplo, en todos esos grupos musicales que calificamos de “vendidos” por, bueno, vender mucho). La presencia de ganancias sostenibles no debería negar todo el duro trabajo inicial que le costó a ese emprendedor poner el negocio en marcha. Desde las circunstancias desafortunadas (como el paso de los harapos a la riqueza de John Paul Mitchell) hasta las interminables pruebas para conseguir el producto adecuado (como los 5.127 prototipos de James Dyson para la primera aspiradora sin bolsa). Cualquier gran empresa fue alguna vez un local pequeño y su crecimiento es un testimonio de que hizo algo bien.
2. No nos damos cuenta de que las grandes empresas pueden ser buenas para las pequeñas
Durante el Super Bowl de 2021, DoorDash tocó nuestra fibra sensible mientras que Uber Eats adoptó un enfoque directo al pedir el apoyo de los restaurantes locales y aunque estos anuncios busquen su propio beneficio, está bien. Nuestro apoyo local alimenta sus grandes negocios y viceversa. De hecho, muchas pequeñas empresas se abastecen de las grandes corporaciones y se apalancan en ellas, por lo que las pequeñas empresas pueden tener una poderosa influencia en los grandes actores.
Lo maravilloso de una economía de mercado es la demanda derivada que genera y las industrias de apoyo que pueden vigorizar. Muchas ciudades pequeñas albergan grandes empresas, y en la lista de Forbes de los mejores empleadores de Estados Unidos figuran varias firmas con raíces en ciudades pequeñas, que ofrecen oportunidades de empleo que son capaces de conducir el progreso individual.
3. Hollywood distorsiona la realidad mientras se enriquece
La demonización de los inversionistas capitalistas es una práctica habitual en las películas y series de televisión (con el multimillonario Batman como excepción). Los medios de comunicación retratan a los directores generales como seres aborrecibles y corrompidos por su dinero, pero esto parece bastante paradójico dado que estos magnates tiranos son interpretados por actores millonarios y multimillonarios que tradicionalmente no han sido criticados por su riqueza a pesar de sus más que cuestionables estándares morales.
A diferencia de cómo se representa en las películas, el mercado no es un juego de suma cero (donde ganan y pierden todos por igual), y los ricos no se benefician de que la gente sea pobre. En realidad, muchos ricos devuelven bastante a la sociedad.
4. Creemos que no se puede vencer a las grandes empresas
Los supuestos monopolios no duran mucho en un mercado competitivo, ya que los empresarios juegan a la ofensiva, lo que hace que los líderes del sector se vean constantemente desafiados. Michael Porter afirma que las sustituciones están siempre presentes, pero son fáciles de pasar por alto, ya que difieren de la oferta líder del sector. Sin embargo, con el tiempo, los nuevos participantes robarán el protagonismo, al igual que los deportes electrónicos están atrayendo a jugadores e inversionistas a un ritmo impresionante y se prevé que superen a los deportes tradicionales.
Muchas de las principales empresas de antaño no son más que nombres hoy en día (y, en la actualidad, las invitaciones a Clubhouse están haciendo que las notificaciones de Facebook parezcan bastante anticuadas). Las disrupciones pueden producirse, y de hecho se producen, si los costos de entrada (y las regulaciones) son manejables. Los empresarios aprovechan las formas indirectas de competencia y lanzan no sólo innovaciones, sino sustituciones (Kodak sigue intentando volver al mercado, luego que los teléfonos sustituyeran a las cámaras).
5. La concentración de riqueza y poder nos incomoda, pero…
A su debido tiempo, incluso las empresas más grandes pueden volverse vulnerables o quebrar dentro de una economía de libre mercado. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de los organismos públicos que se dedican a buscar rentas y parecen proliferar a pesar de su ineficacia.
Aunque las ataduras de algunos sectores públicos se están soltando (como la NASA, que acoge a la competencia), otros se están endureciendo o no muestran signos de cambiar nunca (recordemos la crítica de F. A. Hayek a la monopolización del dinero). Si nos preocupa que una empresa controle una parte excesiva de la oferta del mercado, debería preocuparnos más la concentración de poder que ejerce el control sobre industrias enteras. Pero ni siquiera el sector público puede impedir que la competencia privada ofrezca alternativas (desde las criptomonedas que desafían a los dólares fiduciarios hasta las entregas en un día que superan al correo convencional).
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Nuestras vidas sólo se han beneficiado del capitalismo y de aquellos que aprovechan el poder del lucro y la capacidad de crecer. El lucro puede ayudar a sostener y permitir el crecimiento de una organización y servir de colchón cuando los tiempos se tornan difíciles. Por ello, muchas organizaciones sin ánimo de lucro luchan por sostenerse ante las dificultades provocadas por el COVID-19 y por ello la apuesta por el valor compartido está ganando adeptos, ya que las soluciones empresariales pueden servir como soluciones sociales, si satisfacen una necesidad mientras al mismo tiempo obtienen una ganancia.
Ludwig Von Mises señaló que “no hay ningún país occidental capitalista en el que las condiciones de las masas no hayan mejorado de una manera sin precedentes”, y esto se debe a que los empresarios maniobran en función de las contingencias económicas. Así pues, dejémosles maniobrar, elogiemoslos por ello y saquemos provecho de ello.
En Estados Unidos, todas las generaciones han vivido mejor que la anterior gracias a los avances tecnológicos y al acceso a las mejores ideas y recursos, aún a pesar de las dificultades y externalidades imprevistas. Los afanes de lucro han promovido el progreso de forma inimaginable y ese talento debería servir como y nada menos.