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viernes, febrero 11, 2022

3 maneras de participar en discusiones políticas más responsablemente (y de manera constructiva)


Para arreglar la ceguera de una nación, podría ser útil fijarnos bien en la viga que tenemos en nuestro propio ojo.

Las tensiones políticas en Estados Unidos están en su punto más alto.

Una encuesta reciente encontró que el 84 por ciento de los partidarios de Trump ven a los demócratas como una “amenaza clara y presente para la democracia estadounidense”. El ochenta por ciento de los partidarios de Biden dice lo mismo de los republicanos.

Como afirma acertadamente David French, “la combinación de malicia y desinformación está llevando la polarización estadounidense a un punto febril”.

¿Qué podemos hacer para rebajar las tensiones, sin dejar de defender las ideas políticas que apreciamos?

Como entrenador que ha trabajado con gente de todos los lados del espectro político por dos décadas y como antiguo escritor de artículos políticos que consiguió mantener relaciones estrechas con familiares y amigos que pensaban que sus opiniones sobre el gobierno eran una locura, tenemos tres ideas.

1) Cultiva el autoconocimiento

A todos nos gusta pensar que somos de mente abierta en todos los temas. Nos vemos a nosotros mismos como buscadores desapasionados de la verdad, completamente abiertos a una crítica racional de nuestras apreciadas creencias.

La verdad es más compleja. Como señala el psicólogo social, Jonathan Haidt, en su libro The Righteous Mind (La mente justa), tendemos a elegir nuestras creencias políticas de forma emocional y luego tratamos de justificarlas lógicamente. Haidt utiliza la metáfora de un elefante y un jinete: el elefante elige hacia dónde inclinarse (por ejemplo, apoyando el control de armas) por razones emocionales, y luego el jinete tiene la tarea de justificar esa inclinación utilizando la lógica y las pruebas.

La clave es que el jinete no busca la verdad, sino que busca pruebas que apoyen las decisiones del elefante. Sus argumentos son justificaciones post-hoc, similares a la forma en que el secretario de prensa de un presidente defiende reflexivamente sus acciones.

Esto explica por qué probablemente hayas discutido con personas que se aferran a sus creencias incluso después de que refutes sus afirmaciones lógicas. Para la mayoría de la gente, las creencias influyen en las pruebas que ven; no al revés.

Como dice Drew Westen, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Emory y autor de The Political Brain, “lo último que hay que hacer es intentar argumentar con alguien para que abandone una creencia cuando está fuertemente comprometido con ella desde el punto de vista emocional, porque lo que la hace tan fuerte es la emoción asociada con la creencia, no los hechos o los argumentos que la apoyan”.

Llegar a un punto en el que nuestro elefante ya no se incline hacia ningún bando político y seamos libres de evaluar desapasionadamente cada cuestión por sus méritos, probablemente no sea realista para la mayoría de nosotros. En cambio, lo que podemos hacer es reconocer dónde nuestro elefante está abierto a ser persuadido y dónde no.

Por ejemplo, si trabajas para un grupo de defensa del control de armas, probablemente no te convencerán los argumentos contra el control de armas, independientemente de cómo se presenten. Tu elefante no se va a inclinar en una dirección que ponga en peligro tu trabajo. Eso está bien. Pero te harás un gran favor a ti mismo -y a las personas con las que hablas de política- si lo admites de entrada y lo mismo ocurre si estás en el otro lado del debate

Al liderar con la honestidad y la humildad para admitir tus propios prejuicios, puedes animar a tus oponentes políticos a bajar sus muros al mismo tiempo. Eso puede reducir las tensiones entre todas las partes y convertir un desacuerdo político potencialmente rencoroso en un auténtico debate.

2) Recuerda: las personas heridas hacen daño 

La mayoría de nosotros nos hemos visto involucrados en tiroteos políticos dentro de las redes sociales. Cuando Julian era un comentarista político, le llamaron sociópata, imbécil, cómplice de las corporaciones y con la sangre de niños en sus manos.

Cuando nos atacan en Internet, nuestro primer instinto es contraatacar. ¿Pero qué pasaría si respondiéramos, no con ira, sino con piedad? ¿Y si viéramos a la gente que nos manda morir en Reddit, no como una turba a la que tenemos que ganar, sino como personas que sufren un intenso dolor y buscan una salida?

En un artículo publicado en Psychology Today, el Dr. Grant Hilary Brenner escribió: “Aunque los trolls -para usar un término deshumanizado- pueden ser más bien manipuladores, sádicos y psicópatas, también pueden estar sufriendo, sintiéndose solos y aislados sin ninguna salida socialmente aceptable clara“. (el énfasis es nuestro)

O dicho de otro modo: gritarle a desconocidos en Internet no es la marca de una persona que está viviendo su mejor vida.

Esto no significa que debamos excusar a la gente que nos moleste en Internet. Pero cultivar un sentido de su dolor subyacente puede ayudarnos a responder con empatía o incluso compasión, en lugar de sentir que tenemos que combatir el fuego con fuego.

3) Dale prioridad a las relaciones en vez de a la política

Cuando hablamos de política, puede ser útil poner la conversación en contexto.

Incluso si pudieras hacer cambiar de opinión a tu amigo o familiar sobre un tema, las probabilidades de que eso importe en unas elecciones son increíblemente diminutas. En las elecciones presidenciales de 2020, incluso el estado más cercano (Georgia) se decidió por un margen de casi 12.000 votos. Eso significa que incluso si pudieras presionar a tu tía más izquierdista para que votara por Trump en lugar de a Biden, en realidad no supondría ninguna diferencia.

Eso no quiere decir que no debas votar. Más bien, puedes respirar aliviado sabiendo que el destino del mundo no depende de tu capacidad para convencer a tu tía de que el control de armas no funciona.

¿Qué podrías conseguir, realisticamente, en una conversación con un miembro de la familia con quien no estás de acuerdo? Podrías construir un respeto compartido por las creencias de cada quien. Podrías generar un vínculo con los aspectos comunes y el compartido amor por la gente y el país. Podrías utilizar la conversación para acercarse al otro un poco más y crear un momento de auténtica conexión en la vida de ambos.

Eso vale mucho más que otra conversación que los afrente a los dos.

Para arreglar al mundo, debemos arreglarnos a nosotros mismos

Cuando el enfrentamiento entre partidistas es tan intenso que un gran número de republicanos y demócratas dicen que la violencia política podría ser justificada, es fácil sentirse consternado.

Para sofocar las llamas políticas hay que empezar por cada uno de nosotros. Debemos cultivar la responsabilidad personal sobre la forma en que nos hablamos de política. Debemos desarrollar la humildad de admitir nuestros propios prejuicios y de establecer una auténtica empatía por nuestros semejantes.

Para arreglar la ceguera de una nación, podría ser útil que todos nos fijáramos en la viga en nuestro propio ojo.




  • Julian is a former political op-ed writer and current nonprofit marketer. His work has been featured in FEE, National Review, Playboy, and Lawrence Reed's economics anthology Excuse Me, Professor.