Oreo se muda a México y el Trumpismo es el culpable

¿Quién mató a la fábrica de galletas?

El candidato presidencial que va a la cabeza, Donald Trump, promete que él “nunca comerá de nuevo otra galleta Oreo” para protestar la transferencia de 600 empleos dedicados a hacer galletas, desde Chicago a México. Y Trump está 100% en lo correcto cuando condena al éxodo de la fábrica: “Es injusto para nosotros”.

Pero, los villanos que han destruido los empleos de los trabajadores estadounidenses son el Congreso y el Departamento de Agricultura, no Nabisco [empresa que produce las galletas Oreo] y el libre comercio. Son las mismas políticas proteccionistas que El Donald promueve para ayudar a que, de nuevo, la industria estadounidense “gane”, las que ocasionaron las pérdidas de empleo de Oreo, que él mismo condena.

La política del gobierno federal estadounidense durante mucho tiempo ha sido la de mantener el precio del azúcar en los Estados Unidos el doble o el triple de aquél del mercado mundial. Manufactureros de alimentos, tales como Nabisco, son rehenes de una combinación bizantina de una sustentación de precios y de restricciones arbitrarias a las importaciones, que hacen que producir confites y otros dulces sea más caro en los Estados Unidos que en Canadá o México.

La política federal azucarera le cuesta a los consumidores $3 mil millones al año, en un esfuerzo fallido por salvar los empleos de los productores de azúcar, cuando el número de tales agricultores ha declinado en casi un 50% en décadas recientes.

Eso en sí es suficientemente dañino, pero la política azucarera ha resultado en una de las más exitosa destrucción de empleos por parte del Tío Sam. Hace una década, el Departamento de Comercio estimó que “por cada empleo que se salvaba en la cosecha del azúcar, a través de los altos precios del azúcar en los Estados Unidos, se perdían casi tres empleos en la manufactura de golosinas”. Desde 1997, la política azucarera ha golpeado más de 120.000 empleos en la industria de alimentos, de acuerdo con un estudio de Agralytica, una firma consultora de economía. Más de 10 empleos se han perdido en la industria por cada productor de azúcar que aún queda en los Estados Unidos.

Nuestra política azucarera Trumpiana ha constituido un fracaso obvio desde la década de 1980. Hace 15 años, hubo un breve alboroto, cuando Brach Confections anunció que cerraba su fábrica en Chicago y mudaba la producción a México. En el 2002, Life Savers cerró su fábrica en Michigan y la trasladó a Canadá. Hershey’s también cerró sus instalaciones en los Estados Unidos y trasladó sus empleos al exterior. En cada caso, la responsabilidad es de los precios del azúcar.

¿Por qué los legisladores federales continúan con una política de protección que está aplastando a la manufactura de los Estados Unidos? Las contribuciones para las campañas políticas. El grupo de presión del azúcar hace que el dinero llueva en el Congreso, incluyendo casi $50 millones en contribuciones para campañas políticas y en ejercicio deinfluencias, tan sólo entre el 2008 y el 2013. En respuesta, los congresistas les han dado una licencia a los productores de azúcar, para robarles a los consumidores en las cajas de pago de los supermercados y de hurtarles empleos a trabajadores estadounidenses.

Nuestra fallida política azucarera, ilustra por qué los políticos no pueden hacer que el comercio sea más justo, haciéndolo menos libre. Los argumentos económicos ofrecidos en favor del proteccionismo con el azúcar, tal como con la mayoría de las barreras arancelarias, son simplemente un camuflaje para el saqueo político. Cada vez que Trump trata de salvar un empleo en los Estados Unidos por medio del proteccionismo, al mismo tiempo hará que algunos estadounidenses sean más pobres, poniendo en riesgo muchos más empleos.

Esta página de opinión fue primeramente publicada en USA Today.