Las aventuras del ladrón mercantilista

¿Cómo sería si un ladrón adoptara las opiniones de Donald Trump sobre el comercio?

Henry George en su libro de 1886, Protection or Free Trade [Protección o Libre Comercio] ofrece esta feroz crítica al proteccionismo mercantilista: 

“Sin embargo, las cosas de las que consisten las exportaciones y las importaciones, no son cosas que la naturaleza nos impone en contra de nuestra voluntad y ante lo cual, por nuestra parte, debemos luchar para deshacernos de ellas; sino son cosas que la naturaleza da en retorno por el trabajo, cosas por las cuales los hombres realizan esfuerzos y se someten a privaciones. A aquél que tiene o que puede tener dominio sobre muchas de estas cosas, le llamamos rico; a aquél que tiene poco, le llamamos pobre; y, cuando decimos que un país aumenta su riqueza, damos a entender que la cantidad de esas cosas que contiene, se incrementa más rápidamente que su población. Entonces, ¿qué es más repugnante para la razón, que la noción de que la forma de incrementar la riqueza de un país es promoviendo que se envíen esas cosas hacia afuera o impidiendo que vengan hacia acá? 

¿Qué podemos concluir de esto? En cuanto a la economía del comercio, que Donald Trump y otros proteccionistas, quienes realmente creen que las restricciones al comercio y los subsidios a las exportaciones enriquecen a los ciudadanos de este país, son menos reflexivos que nuestros amigos caninos.

El ladrón mercantilista 

Aquella cita nos mueve que hagamos el siguiente ejercicio mental. Suponga que los ladrones de viviendas llevan a su corazón la ‘lógica’ económica de Donald Trump y los argumentos de otros mercantilistas: ¿cómo es que esos ladrones entrarían a asaltar las casas?

La respuesta es clara. He aquí una descripción de un mundo de ladrones mercantilistas de viviendas.

Los ladrones mercantilistas pasarían muchas horas y usarían muchos de sus propios recursos haciendo muebles, elaborando joyería fina y manufacturando productos electrónicos de alta calidad. Luego, los ladrones mercantilistas ingresarían a las casas de los extraños y depositarían esos bienes por todos lados, en todas las casas. Muy importante, los ladrones mercantilistas nunca toman cosa alguna de los hogares de los extraños.

Inmediatamente antes de salir de las casas de los extraños, los ladrones dejan sus direcciones de correos, confiando en que los extraños, cuyas casas han sido robadas de forma mercantilista por los ladrones, les enviarán a esos ladrones unas notas escritas, en donde les expresarán sus deseos -los de los dueños de las casas- de retribuir a los ladrones mercantilistas con otros productos diferentes. Sin embargo, los orgullosos ladrones mercantilistas no tienen aprecio por sus ‘víctimas’ y orgullosamente rehúsan tragarse el cuento de estos astutos esfuerzos de sus ‘víctimas’, de eliminar las ganancias que los ladrones mercantilistas confían -los ladrones- haber ganado, al depositar muchos bienes en las casas de sus ‘víctimas’.

Con profunda satisfacción y con sentidos siempre crecientes de superioridad, los ladrones mercantilistas acumulan esas notas de agradecimiento que les enviaron las ‘víctimas’ de esos rateros, pero estos ladrones, jamás de los jamases, pensarían en usar esas notas en la realidad, a fin de obtener alguno de los productos de las “víctimas’ de su robo. Los ladrones mercantilistas compiten entre sí para ver cuál de ellos acumula el mayor número de tales notas de agradecimiento, que sus ‘víctimas’ les mandaron. El ladrón que acumula el mayor número de notas es el que gana, pues es él quien ha depositado en las casas de los extraños, más muebles, joyería fina y bienes de consumo electrónico de alta calidad, tal como no lo ha hecho algún otro ladrón, y es quien ha ejercido con mayor resolución el esfuerzo muscular y, ante todo, la fuerza de voluntad para siempre rehusarse de aceptar cualesquiera bienes, en forma de reposición por parte de cualquier ‘víctima.’ 

El ladrón ganador se declara a sí mismo como “grandioso”. Todos los otros ladrones miran a este ladrón ganador con una mezcla de admiración y envidia. Todos juran redoblar sus esfuerzos para hacerse más grandes de nuevo, cuando depositan un número récord de bienes en las casas de los extraños, sin, alguna vez, quitarles algo a los extraños, cuyos hogares ellos roban al estilo mercantilista.

Este artículo fue adaptado de dos artículos publicados en el Cafe Hayek.