La economía "internacional" no existe

Los individuos comercian, no los países, y no importa dónde se encuentren cuando lo hacen.

He llegado a la conclusión de que el mundo estaría mejor si nunca hubiese existido una sub-disciplina, parte de la economía, llamada “economía internacional” (o, alternativamente “comercio internacional” o “finanzas internacionales”). Es posible que también que  la economía como profesión estaría mejor sin esa sub-disciplina.

Los países no comercian 

Sólo los individuos comercian, separadamente o en grupos voluntariamente formados, tales como empresas; los países, en sí, no comercian.

Sólo los individuos, separadamente o en grupos voluntariamente formados, como las empresas, tienen ventajas y desventajas comparativas; los países, per se, no tienen tales ventajas o desventajas.

Sólo los individuos, separadamente o en grupos voluntariamente formados, tales como las empresas, se especializan en la producción; los países, en sí, no lo hacen.

Sólo los individuos, separadamente o en grupos voluntariamente formados, como las empresas, crean o se aprovechan de las economías de escala, de ámbito, o de ambas en la producción; los países, como tales, no lo hacen.

En esencia no hay nada único acerca de las transacciones internacionales. Absolutamente nada.

Sólo los individuos, separadamente o en grupos voluntariamente formados, como las empresas, gastan, ahorran e invierten; los países, per se, no lo hacen.

Sólo los individuos, separadamente o en grupos voluntariamente formados, como las empresas, experimentan pérdidas o ganancias en ingreso, riqueza o bienestar; los países, en sí, no lo hacen.

Por supuesto que podemos hablar -y lo hacemos-, por ejemplo, que “los Estados Unidos intercambian con China”, que “Alemania tiene una ventaja comparativa en la producción de cerveza”, hablamos sobre “el ingreso nacional creciente de la India” y que “disminuye el déficit comercial del Perú”. Pero, toda esta conversación simplemente describe los resultados agregados, principalmente imprevistos, de infinidad de elecciones y acciones llevadas a cabo por una persona en particular, una de carne y hueso.

Y también, por supuesto, los gobiernos realizan muchas de estas actividades –por ejemplo, gastar. Pero, ningún gobierno es un país. Cada gobierno es simplemente una organización en particular, manejada por personas específicas, de carne y hueso, de acuerdo con un conjunto de reglas formales e informales. 

La razón para mi conclusión, de que es desafortunado que exista una sub-disciplina llamada “economía internacional”. Al discutir en torno al “comercio internacional” y las “finanzas internacionales”, se da la impresión de que existe algo tan singular acerca de las transacciones en bienes, servicios, inversiones e instrumentos financieros, que hacen que  estas transacciones requieran que se les estudie separadamente de transacciones que no son internacionales. Pero, en esencia no hay nada único acerca de las transacciones internacionales. Absolutamente nada.

Sutilezas 

Por supuesto que hay diferencias no esenciales, que separan a las transacciones domésticas de las internacionales.

Ejemplos de estas diferencias no esenciales incluyen la necesidad de hacer conversiones entre monedas; el hecho de que diferentes jurisdicciones tienen distintas políticas monetarias; el hecho de que la gente en una jurisdicción política opera bajo diferentes leyes y legislaciones -incluyendo políticas tributarias- en contraste a como lo hacen en otras jurisdicciones políticas; a la realidad de que los salarios reales y la riqueza en algunas jurisdicciones políticas, a menudo difieren de aquellos en otras jurisdicciones políticas; al hecho de que, por lo general, las transacciones internacionales (aunque no siempre) se dan en distancias geográficas mayores que las que cubren las transacciones domésticas. 

Pero, cualquier ganancia analítica que pueda surgir al tratar a transacciones que se distinguen por esas diferencias no esenciales, de forma distinta a transacciones que no se distinguen por estas diferencias, el precio de ese beneficio es muy elevado.

La propia noción de “comercio internacional” nos lleva a que dejemos de lado la realidad esencial del comercio, que siempre se trata de individuos de carne y hueso que negocian e intercambian entre sí. Ya que cada persona juzga que va en su interés propio hacerlo así. Este descuido intelectual resulta de concebir al comercio como algo que se hace entre países. Esta perspectiva a nivel de país luego nos impulsa a juzgar los méritos del comercio, por el grado en que sea posible o no que incremente el bienestar agregado neto (como sea que se le conciba o se le mida) del subconjunto de seres humanos residentes o ciudadanos de cada país como tal.

No obstante, cualquier evaluación del comercio en términos generales de naciones, es ilegítima –o, al menos, no es más legítima que lo que sería una evaluación del comercio que tomara como grupo relevante, no a todo el país, sino a mi vecindario. 

Las personas en mi vecindario comercian libremente con personas de fuera de mi vecindario. 

Comercio es comercio, no importa cuántas o qué tipo de fronteras políticas puedan abarcarse en un caso específico.

Por fortuna, no tenemos una sub-disciplina en economía dedicada al estudio del “comercio intervecindario”. Si la hubiese, se haría todo tipo de perversos estudios empíricos y análisis teóricos del bienestar –estudios y análisis que conducirían inevitablemente a la manipulación gubernamental del comercio intervecindario. 

Y, en tanto que esa manipulación se desataría por la ignorancia económica -como la insistencia de algún charlatán de que mis vecinos y yo no podamos comerciar libremente en los mercados intervecindariales, si resulta en un déficit comercial para nuestro vecindario- casi toda esta manipulación sería apoyada por vecinos políticamente influyentes, quienes se benefician con la ‘protección’ que obtienen por la vía de restricciones gubernamentales al comercio intervecindarial.

Comercio es comercio, no importa cuántas o qué tipo de fronteras políticas puedan abarcarse en un caso específico. Los economistas deberían estudiar el comercio, sin poner mayor atención al comercio internacional que al comercio interestatal o al intercontinental o al intervecindarial, al interfamiliar o interpersonal.

Sin una sub-disciplina llamada “comercio internacional”, al público en general se le evitarían -y se les negaría a los grupos interesados en obtener rentas- los muchos espejismos equivocados que se crean, al discutir sobre el comercio como si su carácter y contenidos fueran esencialmente diferentes, cuando se atraviesan fronteras políticas.

Reimpreso de Café Hayek