Geoffrey Owens tiene razón: el trabajo nunca es insignificante. Puedes moldear tu propio trabajo

Los artesanos del trabajo se niegan a jugar el papel de víctimas miserables y se enfocan en añadir valor a los demás. Las limitaciones laborales a las que se enfrentan son un punto de partida, no una barrera.

Los cajeros de Trader Joe’s (una conocida red de supermercados norteamericanos) establecen vínculos humanos con los compradores. No hace mucho me encontraba comprando muchos paquetes de tempeh (un producto de soya fermentada) cuando el cajero me preguntó: “¿Cuál es tu forma favorita de preparar tempeh?”. Varias  bolsas de frutos secos en mi carrito de compras nos llevó a conversar sobre caminatas.

El ex actor del Show de Cosby, Geoffrey Owens quiere ayudarnos a entender que había “honor” y “dignidad” en su trabajo de cajero en Trader Joe’s.

Habiendo estado en ambos lados de la acera, teniendo un trabajo “glamoroso” y un trabajo “ordinario”, Owens nos exhorta a reevaluar la idea de que algunos trabajos son insignificantes o carecen de dignidad. Para Owens, “No hay trabajo que sea mejor que otro. Puede que pague mejor, puede que tenga mejores beneficios, puede verse mejor en el papel. Pero no es mejor. Todo trabajo vale la pena”.

¿Qué haces si te encuentras en un trabajo “normal” y la cultura corporativa se enfoca únicamente en hacer una tarea laboral definida de manera limitada?

Si hablas con los empleados de Trader Joe’s, probablemente estarán de acuerdo con la evaluación de Owens. Como parte de su estrategia de marca, la cultura de Trader Joe’s fomenta el servicio fuera de lo común para los compradores. Los empleados “realmente se preocupan” por los clientes; completar tareas no es suficiente.

¿Qué haces si te encuentras en un trabajo “normal” y, a diferencia de Trader Joe’s, la cultura corporativa se enfoca únicamente en hacer una tarea laboral definida de manera limitada?

En un trabajo “normal”, tu mente podría llenarse de pensamientos deprimentes, contando las horas que faltan para que termine el turno, cuestionando el sentido del esfuerzo o pensando “Quiero llegar a casa y tirarme a no hacer nada”.

Usted puede creer que estos pensamientos miserables son generados por el trabajo o la cultura del lugar. Owens diría que está equivocado: Usted ha dado a tales pensamientos de victimización todo el significado que tienen. Puede construir un significado diferente del mismo conjunto de responsabilidades.

El pensamiento tedioso conduce a hábitos tediosos. Las colas en la caja parecen moverse más rápido en Trader Joe’s.

Conviértete en alguien que establezca la diferencia

En su libro Great Work (Gran Trabajo), David Sturt brinda detalles sobre la investigación realizada por los profesores Jane Dutton y Amy Wrzesniewski, que estudiaron “cómo las personas en trabajos poco glamorosos estaban lidiando con lo que llamaron ‘trabajo devaluado’. Comenzaron con los conserjes de un hospital y encontraron que:

 [Un] cierto subconjunto de los empleados no se veía a sí mismo como parte del personal de limpieza en lo absoluto. Se veían a sí mismos como parte de la plantilla profesional, como parte del equipo de curación. Y eso lo cambió todo. Estas personas llegaron a conocer a los pacientes y sus familias y ofrecían apoyo en pequeñas pero significativas formas: una caja de Kleenex aquí, un vaso de agua allá o una palabra de aliento. Un empleado informó que había reordenado los cuadros en las paredes de los pacientes comatosos, con la esperanza de que un cambio en la apariencia de la habitación tuviera algún efecto positivo.

Dutton y Wrzesniewski adoptaron el término job crafting (artesanía del trabajo) para explicar lo que sucede cuando los empleados “toman sus expectativas de trabajo existentes o descripciones de trabajo, y las amplían para que se ajusten a su deseo de hacer una diferencia”.

Dutton observó que un empleado siempre tiene el poder para elegir sus ideales:

A menudo nos estancamos pensando en nuestro trabajo como una lista de cosas por hacer y una lista de responsabilidades. Pero, ¿y si dejas de lado esa mentalidad? ¿Si pudieras programar lo que haces, con quién hablar, qué otras tareas asumir y con quién trabajar?

Cualquiera de nosotros puede sentirse aprisionado por el significado que le damos a nuestro trabajo, pero podemos hacer una elección diferente. En lugar de marcar una lista de tareas pendientes, podemos ver nuestro trabajo como un vehículo para aportar algo. Con ese cambio de mentalidad, emergen nuevas posibilidades. Sturt explica: 

Los moldeadores del trabajo son aquellos que hacen lo que se espera (porque es necesario) y luego encuentran una manera de agregar algo nuevo a su trabajo, algo que deleita, algo que beneficia tanto al donante como al receptor.

A medida que Dutton y Wrzesniewski continuaron su investigación, informaron: “En  la gama de diferentes tipos de trabajo, vimos a personas alterar los límites de sus deberes de manera que hicieron que su trabajo fuese más significativo”.

Resulta que el cambio hacia una mayor transcendencia en el trabajo gira en torno a “la importancia de las actividades centradas en el otro”. Según Dutton, “[los empleados] que moldean trabajo no sólo reforman sus labores para mejorar la vida para ellos mismos, sino para servir a los demás de alguna manera productiva”. Los moldeadores de trabajo no esperan dirección administrativa:

El trabajo significativo típicamente viene de abajo hacia arriba, desde los empleados que muestran iniciativa al moldear el trabajo hasta darle su propia interpretación, para encontrar oportunidades de sentido y satisfacción. Usualmente esas oportunidades involucran hacer cosas que benefician a otras personas.

Beneficiar a otros al encontrar un “propósito mayor” es una relación de  ganancia-ganancia. Los empleados experimentan más satisfacción laboral y los empleadores los consideran más valiosos.

Cualquier trabajo -desde el ingeniero hasta el mezclador de pintura en la ferretería local- puede sentirse tedioso. Y, sin embargo, cualquier tarea puede ser más significativa para nosotros a través de la artesanía del trabajo.

¿Conserje o curandero?

Considere el trabajo de un conserje de hospital. La paga puede ser baja; el trabajo puede parecer humilde, incluso indigno. Sueños de un mejor trabajo y mejores tiempos pueden surgir. La artesanía del trabajo proporciona otra manera de pasar el día.

Sturt comparte la historia de Matt y Mindi, quienes volaron con su hijo McKay, de 2 años, gravemente enfermo, a Filadelfia para una cirugía que le salvó la vida. Después de la cirugía, “hubo cuidados intensivos las 24 horas”. Sturt relata los días de interrupciones constantes que los padres y el niño soportaron:

Mindi trató de consolar a McKay y hacer que descansara. Pero parecía que en el minuto en que finalmente se quedaba dormido, alguien entraba para revisar la incisión, para darle la medicina o para extraer sangre. A veces, uno de los conserjes con batas de color azul oscuro perturbaba su paz y tranquilidad solo para vaciar la basura. McKay comenzó a gemir cada vez que escuchaba un golpe en la puerta.

Entonces, una mañana, “escucharon un golpe [inusualmente] suave”. El conserje estaba en la puerta y dijo: “Buenos días. Mi nombre es Moses y estoy aquí para ayudarlo a dar la bienvenida al día. ¿Puedo entrar?”

Matt y Mindi conocieron a un hombre con una mentalidad diferente a la de los otros empleados del hospital:

En lugar de apresurarse a vaciar el bote de basura, Moses realizó un acto muy pequeño, pero significativo: se paró a los pies de la cama y se presentó a McKay. “Hola, soy Moses. Estoy aquí para mejorar las cosas”. Significó mucho para Mindi porque fue la primera vez en cuatro días que alguien además de ella y Matt habían hablado con McKay como se le habla a un niño. Para todos los demás, era un paciente, un proyecto o un problema. Pero para Moses, McKay era una persona. McKay se calmó visiblemente. Sus hombros se relajaron. Su labio dejó de temblar. Entonces Moses se movió suavemente, hacia un lado de la cama, recogió el cubo de basura y lo vació en su carrito.

La estadía de McKay en el hospital se extendió y Moses “se convirtió en un amigo de confianza y confidente”. No se hizo pasar por médico; pero “compartió una gran cantidad de sabiduría práctica y de sentido común al ayudar a cientos de familias a superar una cirugía traumática”:

Cuando Mindi le dijo a un médico que McKay había jugado durante 10 minutos, el médico podría haber dicho: “Muy bien; mañana intentaremos que lo haga por 20 minutos”. Pero cuando ella compartía la misma información con Moses, él decía: “Así que fuiste a la sala de juegos, ¿eh? ¿McKay caminó allí solo? ¡Eso es muy bueno! Una vez que los niños comienzan a jugar, no pasa mucho tiempo antes de que regresen a casa”.

Moses fue eficiente en su trabajo principal; pero a través de la artesanía de su trabajo, experimentó más sentido en lo que hacía al mismo tiempo que mejoró la vida de los demás.

Ir más allá de las restricciones

En mi ensayo para FEE “Los líderes empresariales autoritarios amenazan la libertad”, he planteado que una causa importante de los desacuerdos entre los empleados es “una jerarquía organizativa de arriba hacia abajo cuyos líderes hacen un uso liberal del mando y el control como un estilo de gestión”. En tales entornos, “los empleados llegan a creer que su inteligencia y experiencia no son valoradas”.

Las restricciones que enfrentan en el trabajo son un punto de partida, no una barrera.

Sin embargo, incluso en las jerarquías más rígidas, encontrarás artesanos del trabajo que van más allá de lo que esperan sus gerentes de mando y control. Se niegan a desempeñar el papel de víctima a medida que van agregando valor a los demás. Las restricciones que enfrentan en el trabajo son un punto de partida, no una barrera.

Sturt comparte la historia del arquitecto Frank Gehry, diseñador del Disney Concert Hall en Los Ángeles. Gehry cree que “las restricciones y las realidades son los componentes básicos de un gran trabajo”:

Los altos estándares de acústica en el Disney Hall, por ejemplo, llevaron al diseño único del espacio interior. Y eso, a su vez, condujo al diseňo exterior de acero que elegantemente lo rodea. Gehry habló de lo perdido que alguna vez se sintió cuando se le pidió que diseñara una casa con cero restricciones. “Fue muy desconcertante”, dijo. “Tuve que mirarme mucho en el espejo. ¿Quién soy? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿De qué se trata todo esto? “Es mejor tener algún problema en el cual trabajar”, explicó Gehry. “Creo que convertimos esas restricciones en acción”.

Sturt aconseja:

Si alguna vez te ves tentado a sentirte limitado por las restricciones de un proyecto, recuerda los pocos elementos necesarios para hacer que algo sea genial. Todos los colores en la naturaleza vienen del rojo, amarillo y azul, mezclados juntos en millones de combinaciones. Cada canción pop, sinfonía, jingle y cancioncilla en el mundo occidental comenzó con sólo doce notas en la escala cromática. Todo en el planeta, incluidos nosotros, está formado por solo 118 elementos químicos conocidos.

Probablemente ya sabemos los pasos que podemos tomar para comenzar a encontrar más significado en nuestro trabajo. Podemos tomar a nuestros pensamientos menos en serio cuando nosotros, como lo expresa el autor Steven Pressfield, “comenzamos a producir excusas, coartadas, justificaciones transparentes y un millón de razones por las que no podemos, no debemos, no hacemos lo que sabemos que necesitamos hacer”.

Podemos seguir imaginando que ciertas ocupaciones y estilos de vida son inherentemente más satisfactorios o podemos ignorar los malos consejos generados por nuestro pensamiento. Mientras selecciona su próximo paso, deténgase un momento a recordar cómo Geoffrey Owens encontró honor y dignidad en el trabajo ordinario.

*Este atículo fue originalmente publicado en FEE.org