El mercado libre no requiere cortinas de humo lingüísticas, a diferencia del socialismo

Aquellos que desean restringir la libertad de otros, ocultan lo que verdaderamente está detrás de cortinas de humo lingüísticas.

George Orwell, en su obra de 1946, “La Política y el Lenguaje Inglés”, escribió que “En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo la defensa de lo indefendible”. Pero, tal vez más esclarecedora fue su afirmación de que “la dejadez de nuestro lenguaje facilita que pensemos tonterías”. 

Ambas afirmaciones describen nuestra situación política tanto actual como cuando él las escribió. Los ataques presentes contra los mercados libres y la libertad, y la “solución” de un control gubernamental cada vez mayor, ilustran cómo el abuso del lenguaje ha hecho que esos pensamientos necios prevalezcan crecientemente.

Los mercados libres han sido tergiversados 

El problema de la tergiversación lingüística hace que valga la pena reconsiderar cómo es que defensores serios de la libertad pueden enfrentar este problema. Una fuente importante de ideas valiosas es “Finding Words for Common Sense” de Leonard Read, en su obra de 1969, The Coming Aristocracy, publicado en ocasión de su 50 aniversario.

“¡La tesis de la libertad es como un lenguaje extranjero para la mayoría de las personas!”

“El mercado libre, la propiedad privada, el intercambio voluntario, un estilo de vida con un gobierno limitado, con sus antecedentes morales y espirituales… parecen “estar muy alejados” sólo porque contrastan con los sentimientos populares prevalecientes, que, preponderantemente, son socialistas”.

“Los maestros y los estudiosos de la libertad(…) se ven enfrentados con un problema de la palabra: el lenguaje de la libertad es extraño a sus oídos, largamente sintonizados con las nociones, clichés, y plausibilidades del estatismo, del intervencionismo, del socialismo”.

“Suponiendo(…) que los caminos de libertad tienen sentido, entonces, nuestra tarea es la de encontrar palabras para el sentido común. Y desconozco algún otro término que mejor ilustre nuestro dilema que “el libre mercado”. Tenemos un concepto en mente, pero con frecuencia una idea diferente pasa por la mente de quien la lee o la escucha. La imagen que conjura “el libre mercado” es rara vez una reproducción fiel de la intención”.

“El libre mercado(…) tan sólo ha sido aproximado, nunca realizado. Así que, para entender nuestro significado, aquellos aspectos de la economía que nunca han sido libres, deben ser imaginados como libres. Y es aquí cuando enfrentamos problemas de comunicación: no mucha gente puede hacer el salto hacia situaciones imaginarias; tan sólo se pueden basar en la experiencia. Esto explica, en parte, por qué muchos consideran que nuestro término, el libre mercado, no significa más que empresa privada, como si las dos fueran una y la misma. El fracaso en hacer esta distinción conduce a la confusión ideológica y al daño educacional”.

“El mercado libre es aquel que prevalece cuando todos los intercambios son libres de coerción; es tan sólo el intercambio voluntario; esto es, libertad en las transacciones”.

“Pero, ¿qué es, precisamente, la coerción?... La antítesis del libre mercado”.

“Generalmente, se piensa en la coerción como una fuerza, sin distinción en cuanto al tipo de fuerza. Lo que tenemos en mente como antítesis del libre mercado es fuerza agresiva que puede ser mejor entendida contrastándola con fuerza defensiva”.

“La agresión es siempre una acción iniciada; la defensa es exclusivamente una acción derivada, que nunca tiene su lugar excepto para salvar una vida, preservar derechos, una acción para mantener la paz. La agresión es una malignidad, antitética a la existencia del mercado libre; por otra parte, fuerza defensiva -durmiendo hasta que se antagoniza- en una aliada y una armadura de la libertad”.

“Cuando uno puede imaginar una situación en la que no existe fuerza agresiva o, si existe, en donde de inmediato puede suprimirse por una fuerza defensiva, entonces, uno concibe a la creatividad fluyendo libre y espontáneamente de parte de todos los ciudadanos ̶ ¡el mercado libre! Con este ideal en mente, es fácil observar las incontables prácticas vigentes que ejemplifican lo que no es el mercado libre”.

“La piratería es una empresa y definitivamente es privada. Pero, observe que la característica distintiva de la piratería es la fuerza agresiva. Ahora bien, en el tanto en que la agresión disminuye en cualquier operación privada, la empresa se mueve del estado pirata hacia el ideal: el mercado libre… ser privado no es una característica que ubica la posición de una empresa en el espectro mercado libre-piratería. La agresividad es la característica distintiva. Cualquier empresa, sea destructiva o constructiva, puede y a menudo es privada. Así, el simple hecho de que una empresa sea una iniciativa privada no le otorga virtud especial, económica o de lo que sea”.

“En efecto, en donde las fuerzas agresivas son dominantes, las empresas privadas pueden estar, en su operación, lejos del libre mercado, como es la Oficina de Correos”. 

“El mercado libre puede funcionar apropiadamente sólo cuando se disminuye la fuerza agresiva. El gobierno, al menos teóricamente, es la agencia de defensa de la sociedad, siendo su papel el librar a la sociedad de la fuerza agresiva en sus numerosas manifestaciones: fraude, violencia y depredación malas representaciones. Aún así, en la actualidad, el gobierno es el ente más destacado por su fuerza agresiva: por ejemplo, la extorsión obligada de su ingreso y del mío”.

Una de las dificultades en la defensa de la libertad ha sido siempre que aquellos que desean restringir la libertad de otros, ocultan lo que esto implica detrás de cortinas de humo lingüísticas. Y, cuando la gente mira tras ellas, la maleabilidad del lenguaje ha permitido nuevas iteraciones de estatismo, enmascaradas como medios para la buena sociedad.

Leonard Read se enfocó en el intercambio voluntario basado sólo en la fuerza defensiva, para ayudar a cortar la maraña de confusión.

El extravío lingüístico ha hecho que pensamientos errados sobre la organización social sean políticamente más aceptados, y que se dificulte la comunicación de los beneficios, los cuales sólo son posibles de obtener por medio de la libertad. Pero, Leonard Read sabía que la libertad era tan superior a cualquier otra alternativa posible que si ambas, lo que implicaba y lo que su ausencia implicaba, pudieran ser suficientemente aclaradas -si es que podemos encontrar suficientes palabras para el sentido común- habría una oportunidad de luchar para darle la vuelta a la marea de estupideces.

Leonard Read se enfocó en el intercambio voluntario basado sólo en la fuerza defensiva, para ayudar a cortar la maraña de confusión y distorsión verbal sobre la organización social. Si la gente pudiese ver que un sistema de intercambio voluntario no violaría los derechos de nadie y que dañaría sólo a aquellos que desean ganar algún privilegio respaldado por el gobierno, que equivale a una piratería a expensas de otros, tales alegatos serían rápidamente descartados en vez de gozar de credibilidad. Eso permitiría una vasta expansión de los milagros del mercado generada por gente libre que pueda arreglar sus asuntos voluntariamente. Con el crecimiento de los asaltos y falsedades cómplices durante el último medio siglo, las ideas de Read son aún más importantes hoy en día.