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viernes, diciembre 19, 2025 Read in English
Crédito de la imagen: FEE

Impuesto a la riqueza: una respuesta simplista a problemas complejos


Un impuesto a la riqueza sería inmoral e impracticable.

En fechas recientes, ha crecido el interés por la idea de un impuesto a la riqueza en el Reino Unido. Las frágiles finanzas británicas han provocado aumentos de impuestos que quitan el aliento y han impulsado el ascenso del Partido Verde, cuya política central es gravar la riqueza.

Un impuesto a la riqueza es un impuesto directo sobre el valor total del patrimonio neto de una persona en un momento determinado. Este patrimonio incluye vehículos, joyería, obras de arte y antigüedades, ahorros e inversiones, efectivo, bienes raíces, propiedad intelectual y empresas. Un impuesto así sería catastrófico, como mostraré a continuación.

Menos recaudación de la prometida

Sus defensores sostienen que un impuesto a la riqueza aportaría entre 10 y 25 mil millones de libras al gobierno.

Esa promesa de recaudación se basa en comparaciones internacionales defectuosas. Los impuestos a la riqueza vigentes (solo existen cuatro en el mundo, lo cual dice mucho sobre su credibilidad) tienen “tasas bajas, amplias exenciones y una aplicación generalizada”, mientras que “las propuestas del Reino Unido son lo contrario”. Por ello, medidas más drásticas hacen menos probable obtener los ingresos prometidos debido al efecto de la “fuga de capitales”, es decir, la salida de personas ricas y de sus activos. Esto vuelve injusta cualquier comparación con el Reino Unido.

Los impuestos a la riqueza existentes generan ingresos limitados. Por ejemplo, el Impuesto de Solidaridad del gobierno central español buscaba “recaudar más de 1,500 millones de euros en 2023”, pero solo logró el 40% de esa cifra (600 millones de euros).

Estos impuestos dependen en exceso de muy pocos contribuyentes, lo que los vuelve superficialmente atractivos para legisladores ávidos de recursos, pero hacen que la recaudación sea inestable. En el estado de Washington se propuso un pseudoimpuesto a la riqueza de 1% sobre activos superiores a 250 millones de dólares; una vez anunciado, Jeff Bezos se mudó, junto con muchos de sus activos, a Florida, lo que le costó a Washington casi el 45% (1,440 millones de dólares) de los 3,200 millones anuales que se estimaban recaudar. Las personas con mayor patrimonio también son altamente móviles: ante la amenaza de un impuesto a la riqueza, muchas simplemente se van.

Además, aplicar el impuesto implica altos costos administrativos. Valuar activos como obras de arte, empresas privadas y propiedad intelectual es complejo. La Comisión del Impuesto a la Riqueza del Reino Unido (2020) estimó que solo el costo inicial de crear este nuevo aparato administrativo sería de 600 millones de libras, es decir, 10% del “costo actual de operación” de HMRC. Algunos proponen usar “las mismas reglas y procedimientos de valuación” que se emplean para el impuesto a las ganancias de capital y el impuesto a la herencia. Sin embargo, los principios de valuación y su aplicación varían ampliamente y dependen en gran medida del criterio del valuador, lo que abre la puerta a múltiples litigios. Incluso el exministro laborista Denis Healey concluyó que los impuestos a la riqueza no “recaudan lo suficiente como para justificar el costo administrativo y el desgaste político”.

Los impuestos a la riqueza aumentan la pobreza

El principal argumento a favor de estos impuestos es “corregir la flagrante desigualdad en la distribución de la riqueza en el Reino Unido”. Sin embargo, ocurriría lo contrario: la situación económica de todos los ciudadanos empeoraría porque los impuestos a la riqueza “desincentivan el emprendimiento, reducen la innovación y frenan el crecimiento de largo plazo”, bajan los salarios, “destruyen empleos” y reducen el acervo de capital. Como resultado, “todos los grupos de ingreso salen perdiendo bajo un impuesto a la riqueza debido a la menor actividad económica”. Margaret Thatcher lo expresó con claridad en noviembre de 1990, al responder a un diputado en el Parlamento: “Él preferiría que los pobres fueran más pobres, con tal de que los ricos fueran menos ricos”.

Una propuesta contemporánea de impuesto a la riqueza fue planteada por el economista francés Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI, donde sugirió tasas de entre 0.5% y 2% según el nivel de riqueza. Esta propuesta fue evaluada por la Tax Foundation (un think tank británico), que concluyó que “el efecto de una versión potencial del impuesto a la riqueza de Piketty sobre la economía estadounidense… sería devastador… En un periodo de 10 años, los salarios serían 5.2% más bajos, se perderían 1.12 millones de empleos y el acervo de capital sería 16.5% menor”, lo que implicaría “una pérdida de un billón de dólares”, mientras que la recaudación del impuesto sería de “solo 63 mil millones de dólares”. Así, “todas las clases sociales, incluidas las más pobres, se verían afectadas por el impuesto a la riqueza debido a la reducción de la actividad económica”. En síntesis, un impuesto a la riqueza dañaría las finanzas de todos los británicos sin lograr reducir la desigualdad.

Desafíos legales

Los litigios serían interminables, ya que los contribuyentes más ricos impugnarían las valuaciones. Esto ya ha ocurrido en varios países europeos (por ejemplo, España, Alemania y los Países Bajos). El impuesto a la riqueza neerlandés fue declarado inconstitucional por su Suprema Corte en 2021 y nuevamente en 2024 por las mismas razones: es “discriminatorio” y viola el derecho europeo de propiedad.

Estos retos legales generan costos significativos, reducen la recaudación neta y alimentan el debate sobre si los impuestos a la riqueza realmente crean la sociedad más justa que prometen.

Los impuestos a la riqueza son contrarios al crecimiento

Un impuesto a la riqueza es anti-crecimiento (justo lo que el gobierno británico actual quiere evitar), porque “hace menos atractivos el ahorro y la inversión para inversionistas y empresarios del Reino Unido”, empujando a muchos a optar por la “fuga de capitales” o por un mayor gasto. Lo segundo es problemático porque el consumo tiene beneficios económicos de corto plazo, mientras que el ahorro y la inversión generan beneficios de largo plazo: aumentan el capital disponible para invertir al canalizar recursos a los bancos, que a su vez los prestan a empresas para financiar nuevos proyectos.

Muchos sostienen que la fuga de capitales es poco probable y citan un informe de 2025 de Tax Justice Network, según el cual los 9,500 millonarios que habrían salido del país “representan apenas 0.3% de los 3.06 millones de millonarios del Reino Unido”. Sin embargo, hay evidencia en sentido contrario. Primero, la Comisión del Impuesto a la Riqueza encontró que muchos individuos ultrarricos eran “propensos a irse o mover sus activos” al extranjero. Segundo, “tras un aumento de 1% en el impuesto a la riqueza en Noruega, muchos individuos con alto patrimonio abandonaron el país”.

Ideas equivocadas sobre el apoyo público

El supuesto apoyo popular a los impuestos a la riqueza es un mito.

Primero, muchas personas los apoyan porque creen que los ricos no pagan su parte justa de impuestos. Esto es injusto, considerando que alrededor de “60% de la recaudación del impuesto sobre la renta proviene del 10% de los contribuyentes” y “30% del 1% superior”.

Segundo, al público rara vez se le ofrece contexto o información sobre los costos y compensaciones (por ejemplo, el costo de implementación) de un impuesto a la riqueza. La investigación muestra que la gente apoya cualquier impuesto si no se le presentan desventajas, pero cuando estas se explican, el respaldo cae, en algunos casos de forma considerable.

Conclusión

Un impuesto a la riqueza devastaría la economía del Reino Unido. Resulta profundamente preocupante que el Partido Verde lo promueva con tanto énfasis. Esto convierte al Partido Verde en una amenaza para el bienestar de nuestra economía, y exhorto a todos a no caer en su atractiva trampa.

¿Cuál es la alternativa? Reformar el impuesto a las ganancias de capital, el impuesto sobre la renta o el impuesto a la herencia. Con una reforma no solo se recauda más, sino que se construye un sistema fiscal más justo y una sociedad más equitativa.

Concluyo con esta frase de Iain MacLeod (exministro conservador de Hacienda y líder de la Cámara de los Comunes):
“Los socialistas pueden tramar sus planes y los progresistas soñar sus sueños, pero nosotros, al menos, tenemos trabajo que hacer.”


  • Kristian Guise es estudiante de licenciatura en Historia Moderna y Política en la Universidad de Southampton, Reino Unido.