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domingo, febrero 9, 2025
Crédito de la imagen: Juuud28 | Pixabay

El mercado


[Publicado en FEE el 1 de septiembre de 1981]

Es habitual hablar metafóricamente de las fuerzas automáticas y anónimas que activan el «mecanismo» del mercado. Tales metáforas ignoran el hecho de que los únicos factores que dirigen el mercado y la determinación de los precios son actos intencionados de los hombres. No hay automatismo; solo hay hombres que apuntan consciente y deliberadamente a fines elegidos.

El mercado es un cuerpo social; es el cuerpo social más importante. Al actuar, todos sirven a sus conciudadanos. Todos, por otro lado, son servidos por sus conciudadanos. Todos son a la vez un medio y un fin en sí mismos, un fin último para sí mismos y un medio para que otras personas logren sus propios fines.

Cada hombre es libre; nadie está sujeto a un déspota. Por su propia voluntad, el individuo se integra en el sistema cooperativo. El mercado lo dirige y le revela la mejor manera de promover su propio bienestar y el de los demás. El mercado es supremo. Solo el mercado pone en orden todo el sistema social y le da sentido y significado.

El mercado no es un lugar, una cosa o una entidad colectiva. El mercado es un proceso, impulsado por la interacción de las acciones de los diversos individuos que cooperan bajo la división del trabajo.

La recurrencia de los actos individuales de intercambio genera el mercado paso a paso con la evolución de la división del trabajo dentro de una sociedad basada en la propiedad privada. Tales intercambios sólo pueden efectuarse si cada parte valora más lo que recibe que lo que da.

La divisibilidad del dinero, ilimitada a todos los efectos prácticos, permite determinar con precisión las relaciones de intercambio.

El proceso de mercado es coherente e indivisible. Es un entrelazamiento indisoluble de acciones y reacciones, de movimientos y contramovimientos. Pero la insuficiencia de nuestras capacidades mentales nos impone la necesidad de dividirlo en partes y analizar cada una de ellas por separado. Al recurrir a tales divisiones artificiales, nunca debemos olvidar que la existencia aparentemente autónoma de estas partes es un recurso imaginario de nuestras mentes. Son solo partes, es decir, ni siquiera se puede pensar que existan fuera de la estructura de la que forman parte.

La economía de mercado como tal no respeta las fronteras políticas. Su campo es el mundo. El mercado hace a las personas ricas o pobres, determina quién dirigirá las grandes plantas y quién fregará los suelos, fija cuántas personas trabajarán en las minas de cobre y cuántas en las orquestas sinfónicas. Ninguna de estas decisiones se toma de una vez por todas; son revocables todos los días. El proceso selectivo nunca se detiene.

Asignar a cada uno su lugar adecuado en la sociedad es tarea de los consumidores. Sus compras y su abstención de comprar son fundamentales para determinar la posición social de cada individuo. Los consumidores determinan en última instancia no solo los precios de los bienes de los consumidores, sino también los precios de todos los factores de producción. Determinan los ingresos de cada miembro de la economía de mercado. Los consumidores, no los empresarios, pagan en última instancia los salarios que perciben todos los trabajadores, desde la glamurosa estrella de cine hasta la asistenta. Es cierto que, en el mercado, los distintos consumidores no tienen el mismo derecho de voto. Los ricos emiten más votos que los ciudadanos más pobres. Pero esta desigualdad es en sí misma el resultado de un proceso de votación previo.

Si un empresario no obedece estrictamente las órdenes del público tal y como le son transmitidas por la estructura de los precios de mercado, sufre pérdidas, se declara en quiebra. Otros hombres que lo hicieron mejor en satisfacer la demanda de los consumidores lo reemplazan.

Los consumidores hacen ricos a los pobres y pobres a los ricos. Ellos determinan con precisión qué se debe producir, en qué calidad y en qué cantidades. Son jefes despiadados, llenos de caprichos y fantasías, cambiantes e impredecibles. No les importan en absoluto los méritos pasados y los intereses creados.

Los precios de mercado dicen a los productores qué producir, cómo producir y en qué cantidad. El mercado es el punto focal hacia el que convergen las actividades de los individuos. Es el centro desde el que irradian las actividades de los individuos.

La economía de mercado, o capitalismo, como se suele llamar, y la economía socialista se excluyen mutuamente. No es posible ni concebible una mezcla de los dos sistemas; no existe una economía mixta, un sistema que sea en parte capitalista y en parte socialista. La economía de mercado es el producto de un largo proceso evolutivo. Es la estrategia, por así decirlo, mediante cuya aplicación el hombre ha progresado triunfalmente del salvajismo a la civilización.


  • Ludwig von Mises (1881-1973) taught in Vienna and New York and served as a close adviser to the Foundation for Economic Education. He is considered the leading theorist of the Austrian School of the 20th century.